En un lapso de muy pocas horas, en distintos tonos y diferentes
idiomas, Chávez recibió sendos consejos, provenientes
de dos amigos de su gobierno, sobre un mismo punto. No te pelees
con Estados Unidos, mejora las relaciones diplomáticas
sobre la base del respeto y la justicia.
Transforma el odio y el miedo en energía.
Busca
un nuevo orden mundial más justo basado no en la fuerza
sino en la cooperación. Palabras más, palabras
menos, ese fue el mensaje claro y firme del pastor negro Jesse
Jackson, quien no ocultó su deseo de que algún
día el presidente venezolano pueda reunirse con el de
Estados Unidos bajo unas premisas que parecen encontrarse en
las antípodas de lo que ha sido, hasta ahora, la política
de Venezuela en contra de los Estados Unidos.
Pero
el domingo y luego el lunes fue el embajador de China, el señor
Ju Yijie quien, desde las sutiles formas del lenguaje diplomático,
deslizó en el buzón de correo de Miraflores, dos
o tres cargas de profundidad que deben haber calado bien hondo
en la suite japonesa del Palacio.
"Creo
que no solamente China y Venezuela, sino muchos países,
pueden estar en desacuerdo con la política exterior de
los Estados Unidos pero manteniendo, al mismo tiempo, los vínculos
comerciales", advirtió el señor Yijie en
correctísimo castellano y con la peculiar cortesía
de oriental, en lo que no solamente constituye una lección
de pragmatismo, sino la advertencia de que su país no
pondrá en riesgo las ventajas derivadas de tener, en
Estados Unidos, su segundo socio comercial más importante,
sólo por apoyar la cruzada chavista en contra de Estados
Unidos y sus ínfulas de convertirse en la nueva referencia
continental del antiimperialismo.
Aunque
las cosas no quedaron allí y de las declaraciones del
embajador se desprende que no existe gran entusiasmo en la idea
de convertir a China en el mercado sustituto de Estados Unidos
para el crudo venezolano.
El
embajador señaló que, en primer lugar, son los
clientes del continente el mercado natural para Venezuela, para
luego advertir que las refinerías de su país deberían
ser reconvertidas para procesar nuestros petróleos, además
de que se deben aclarar temas cruciales como el transporte y
las cuotas de producción.
En
definitiva, quiera o no, Venezuela seguirá atada a las
riendas del imperio, el suministrador seguro, fiel y puntual
a la hora de cancelar la factura petrolera en divisas contantes
y sonantes, mas no en vaquillas preñadas, queso amarillo,
médicos, monitores deportivos y demás menudencias
incapaces de saciar el ansia incontenible de petrodólares.
De
manera que el imperialismo que nos sojuzga, nos explota y nos
somete ignominiosamente, resulta vital para la concreción
de la utopía socialista de la patria grande y de la chiquita.
El es el médico que nos transfunde, en dosis cada vez
mayores, la droga del poder. Porque sin dólares no hay
revolución, ni liderazgo, ni festivales de la juventud,
ni helicópteros rusos, barcos españoles, ni evos
morales, ni compras de deuda ecuatoriana, ni subimperialismo
venezolano. El día en que el imperio sea destruido, como
lo ha proclamado el gran timonel incansablemente, se acabó
el sueño y entonces él dirá, a diferencia
de Martin Luther King y en tiempo presente, tengo una pesadilla.
Roberto
Giusti es un reconocido periodista Venezolano.
Los puntos de vista expresados no necesariamente son los de
Petroleumworld.
Nota
del Editor: Este comentario fue publicado en El Universal, el
día 30 de Agosto de 2005. Petroleumworld alienta a las
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