Comentario
Editorial/Opinión
El
Nacional:
Las cartas sobre la mesa
Editorial
El presidente electo de México trazó ayer algunas
líneas fundamentales de lo
que será su gobierno a partir del 1º de diciembre.
En su primer encuentro
con la prensa extranjera, Felipe Calderón tocó asuntos
de política
internacional que interesan sin duda a nuestros países.
En este sentido, le
daremos prioridad en este análisis a sus referencias a
Venezuela, pues dados
los antecedentes de la relación bilateral y su desenlace
en el retiro de
embajadores, la cuestión requiere ser ponderada. De manera
que esta ocasión
es propicia para abrir un campo al entendimiento mutuo.
El mandatario
electo expresó su clara disposición de estable cer
"una
relación constructiva con América Latina y para
ello buscará mejorar sus
lazos con todos los países". Entre esos países
mencionó expresamente a
Venezuela. Esta es una aproximación inteligente y amplia
por parte de Felipe
Calderón, no tanto porque pretenda diferenciarse del presidente
Vicente Fox,
cuestión irrelevante, sino porque comprende la significación
de las
relaciones normales entre países tradicionalmente amigos
como México y
Venezuela.
Dada esa apertura
y esa expresión de amistad, es de esperar que la
Cancillería venezolana tomé debida nota y responda
en forma correcta, o sea,
superando los incidentes y restableciendo la cooperación
entre ambos
gobiernos. No pone excepciones Calderón en este tema de
la relaciones con
América Latina. Inteligentemente incluyó también
a Cuba, lo cual implica que
se propone establecer una política internacional pragmática,
no vinculada ni
dependiente de posiciones ideológicas o intereses de otra
naturaleza.
Así habló el presidente electo: "Mi propósito
es estrechar las relaciones de
colaboración con esos países, porque mi perspectiva
es que por encima de
nuestras diferencias tenemos intereses comunes en América
Latina". Más allá
de la competencia, expresó que lo anima la búsqueda
de equilibrios. Felipe
Calderón no evadió el tema caliente del ALCA, pues
siendo México socio del
Tratado de Libre Comercio de América del Norte con Estados
Unidos y Canadá,
es obvio que su posición frente al polémico proyecto
hemisférico que tanto
divide, y al mismo tiempo aproxima a muchos es importante. El
presidente
electo enfocó el asunto tratando de despojarlo de lo puramente
ideo lógico,
concentrándose en el examen de lo que puede significar
beneficio para el
conjunto de países.
Según
Calderón, la "carga ideológica" deforma
la realidad e imposibilita el
debate. Sobre esto añadió: "Creo que debemos
encontrar un mecanismo que
permita enriquecer la actividad económica en nuestros países".
Por el camino
de los debates ideológicos y de los cuestionamientos de
sistemas será
imposible que se llegue a convenios pertinentes. Este parece ser
el
pensamiento de Calderón.
Es el pensamiento
o la estrategia que practican países de tanto rango como
la República Popular de China. Buscar comercio con quienes
sólo piensan
igual, equivale a reducir de manera poco realista las inmensas
posibilidades
de las relaciones económicas multilaterales. En este sentido,
la
aproximación de Calderón tiene validez general.
Esa discriminación en el
comercio no la practica ni siquiera Estados Unidos con Cuba, pues
se sabe
que sus ventas de productos agrícolas a la isla son frecuentes.
Sobre la política
mexicana, Calderón reconoció la necesi dad de llevar
a
cabo un gobierno amplio, que tome en consideración algunas
de las propuestas
del candidato de la izquierda, como el combate a la pobreza, a
la
desigualdad, la lucha por una educación de calidad o la
cobertura médica
universal. Luego de ser proclamado por el Tribunal Electoral,
Calderón no
sólo puso sobre la mesa las líneas generales de
su política internacional,
su apertura pragmática, sino que adelantó también,
debido probablemente a
las presiones que generó el debate posterior a las reñidas
elecciones, los
cuestionamientos del contendor, algunos propósitos de política
doméstica,
como la formación de un gabinete que vaya más allá
de los colores
partidistas.
Como es obvio,
esto no depende de su voluntad exclusiva mente, pues debe ser
producto de negociaciones, de ahí que se comprenda por
qué no podía hacerlo
en su primer encuentro con los periodistas extranjeros. No era
el momento
adecuado.
Retornando
al tema de la política internacional de Méxi co
y la disposición
del presidente electo de normalizar las relaciones con Venezuela,
la
respuesta oportuna del Ministerio de Relaciones Exteriores sería
un gesto
necesario y conveniente. Ojalá sea así.
El
Nacional
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Nota
del Editor: Este comentario fue originalmente publicado por El
Nacional, el viernes 08 de septiembre de 2006. Petroleumworld
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