EL GOBIERNO
de Hugo Chávez está desmantelando a un ritmo acelerado
las tres bases de la economía de la civilización
occidental que evolucionaran desde el siglo XV; el uso y usufructo
de la propiedad privada, el sistema de libre mercado dentro
de las limitaciones de la ley, y un sistema financiero libre,
reglamentado y confiable.
El Estado
está invadiendo, expropiando, destruyendo o confiscando
las empresas y la propiedad privada. Retiene el título
de propiedad al tiempo que les permite a los arrendatarios o
invasores políticamente dependientes que usen o malgasten
la propiedad. Mientras el señor feudal requería
la labor de los siervos para la plusvalía, el Estado
proporciona ganancias petroleras tan sólo a cambio de
la servidumbre política como renta para su latrocinio.
Los mercados
están distorsionados por empresas estatales subsidiadas
con el objetivo de llevar a la quiebra a las firmas privadas.
Los bancos que ostentan bonos del gobierno ven cómo sus
activos privados caen bajo el control estatal. La ley se usa
para legitimar el robo o la concentración de la propiedad
privada por parte del Estado, o en su defecto, destruir la propiedad
la mitad de las fábricas nacionales que existían
en 1998 de saparecieron.
La inseguridad
galopante se utiliza como herramienta para dejar inerme a la
sociedad civil a través del miedo y la violencia: miles
de ejecuciones y millares de violaciones a los derechos humanos
supuran en un ambiente de impunidad oficial. Los que pueden,
se van, como en Nueva Orleans ante Katrina. Los que se quedan,
se convierten en siervos o enemigos del Estado, como en la película
La Decisión de Sophie.
En el orden
interno, tal desmontaje de los valores de la civilización
occidental pronto terminará en el control del Estado
y el dominio de todos los servicios públicos, medios
de comunicación, empresas y las tierras actualmente en
manos privadas. El Estado lo hará antes o poco después
de las "elecciones" presidenciales de 2006, en las
que sus contaminadas máquinas contarán los votos
en secreto.
En el contexto
internacional, el petróleo se usa para extorsionar y
obtener el tributo político, o el silencio, de cara a
la hegemonía revolucionaria en América Latina.
Es en efecto el colonialismo por otros medios. Dado que las
instituciones económicas occidentales no están
enraizadas en la cultura latinoamericana, el viaje de retorno
de Venezuela al feudalismo pareciera zarpar desde aquí.
Traducción
Conchita Delgado
Michael
Rowan
es colaborador del Universal, su columna se publica todos los
martes ( mrowan@cantv.net ). Los puntos de vista expresados
no necesariamente son los de Petroleumworld.
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Petroleumworld 19 09 05
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