Comentario
Editorial/Opinión
José
Santiago Nuñez Gómez:
La nueva siderúrgica nacional
POR
SUS MINAS de bauxita y por su electricidad a bajo costo, Venezuela
tiene
ventajas comparativas para la fabricación de aluminio.
Predicados en las
dichas razones, durante la segunda mitad de los años 80
y comienzos de los
años 90, el país conoció de varios proyectos
de nuevas fábricas de ese
producto (aluminio); eran 4 o5 los "megaproyectos" y
nos habrían dejado
produciendo un poco más de dos millones de toneladas anuales.
Ninguno se
concretó. ¿Será se preguntará el lector
que no había mercado para aquellos
volúmenes adicionales de ese metal; que esa capacidad no
se instaló, ni en
Venezuela, ni en ninguna otra parte?; pues no: en el mismo período
en otras
partes del mundo se construyeron varias plantas cuya capacidad
agregada
supera en mucho las de los tales "megaproyectos".
Ninguno de los "megaproyectos" se concretó porque
sus promotores se
proponían liquidar beneficios en la misma fase de promoción
de los
proyectos, o en las primeras de su ejecución: se trataba
de cobrar
anticipadamente los beneficios implícitos en ventajosos
contratos de
suministro de insumos básicos celebrados con empresas del
Estado (en el
caso, alúmina y electricidad), o cobros por licencias de
procesos, o venta
de ingeniería, o venta de equipos, o, incluso, beneficios
derivados de la
pura especulación en bolsa con las acciones de las empresas
internacionales
"participantes"; en fin, una caimanada de gente empeñada
en "dar un palo"
sin arriesgar nada, o arriesgando muy poco.
Estas
cosas las evocamos con motivo de los anuncios sobre el propósito
del
Gobierno de construir una nueva siderúrgica nacional. Ya
dijimos aquí,
tiempo atrás, que ello es posible bajo el actual sistema
político/institucional, incluso con la participación
de inversionistas
privados internacionales. Obviamente no será una empresa
hija del "dejar
hacer, dejar pasar", ni librada a esos avatares; ni siquiera
tendrá las
formas corporativas convencionales, será un modo de concreción
particular de
la concurrencia de los intereses del Estado con aquellos de los
inversionistas. Son dos las condiciones para que ello ocurra.
La primera es
que el Gobierno dé muestras de una voluntad inequívoca
e inmodificable de
diseñar la empresa y construirla. La segunda es que discierna
entre los
aprovechadores y especuladores y quienes están, en verdad,
dispuestos a
apostar al país.
José
Santiago Nuñez Gómez
es
miembro de la junta directiva de Total Bank .
Los puntos de vista expresados no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor: Este comentario fue originalmente publicado por El
Universal, el 25 de octubre del 2005. Petroleumworld no se hace
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Venezuela 26 10 05
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