¿Cuántos
Hugo Chávez hay?
Tantos como
las situaciones lo ameriten. La peregrina tesis del "vacío
de poder" es absolutamente falsa. Siempre habrá
un Chávez en alguna
parte, dispuesto a sustituir al otro o a contradecirlo o a inventar
un
cuento nuevo.
Mañana,
uno de estos tantos personajes estará en Mar del Plata.
En su
propia salsa, en uno de esos escenarios que disfruta al máximo.
Muy cerca,
pero muy lejos, de Mister Danger. Con el pueblo, ¡los
pueblos!, expectante ante su desafío, sus desplantes,
su cruzada
anti-ALCA.
Hugo Chávez,
al menos el viajero, es un hombre aferrado a sus tesis.
No abriga duda alguna sobre sus propuestas. No resulta tan cierto
que
las someta a debate, por cuanto primero sataniza a las otras.
"... el
que se siente poderoso no le gusta que le debatan", dice,
y olvida, o
oculta, que él es el poderoso de por estos lados. "...
a mí no me
importa que me debatan", apunta, de inmediato. ¿Será
verdad tanta
belleza?
¿Cómo
concibe el debate el Presidente de todos los venezolanos, el
hombre que controla con férreo puño las instituciones
vitales creadas
por su Constitución de bolsillo?
Un Hugo
Chávez tragará duro en la reunión con sus
homólogos no tan
dispuestos al desafío, a veces infantil y para la galería,
que
despliega el hijo de Sabaneta. Luego, se cambiará de
ropa, y al calor
de las masas, junto a Maradona, Esquivel, Viglieti, asistirá
al
sepelio del ALCA. "... lo van a enterrar allá en
Mar del Plata los
pueblos de América Latina...", dijo ayer a Telesur.
No es tiempo de
debates, aunque lo parezca.