Comentario
Editorial/Opinión
Manuel
Espino
:
Hay futuro en Venezuela
EN su aguda estulticia, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez,
ha sido
incapaz de comprender que gobernar no es tarea para el protagonismo
personal
y egoísta de quien ejerce esa delicada encomienda.
Su
mentalidad golpista le hace impensable que su misión sublime
es promover,
con espíritu de servicio a la realización del bien
común, la integración, la
unidad y la protección de los derechos humanos y los valores
de su pueblo.
Este
pobre individuo con ínfulas de mesías ha deslegitimado
la autoridad que
lo llevó a ser mandatario, no de una muchedumbre, sino
de una sociedad ávida
de sana convivencia democrática. Desde su mendacidad y
astucia, supo hacerse
de la confianza ciudadana que lo llevó a índices
de gran popularidad.
Después
aprovechó el apremio de los tiempos difíciles para
excitar la
impresionabilidad popular hacia el caudillismo que desvía
y pierde la
auténtica representación política.
Distraído
en dar pruebas, que nadie le ha pedido, de vigor y locuacidad,
de
audacia y habilidad para el escándalo, se olvidó
de conocer las necesidades
de su pueblo y procurarles una solución. Como si la inestabilidad
política y
la aguda crisis económica que ha propiciado su deficiente
desempeño no
fueran prioridad a resolver en ese hermoso país de contrastes.
Tal parece
que para Chávez no existen comunidades en aldeas y pueblos
de antaño que
viven en condiciones paupérrimas y que demandan atención
eficaz de su
gobierno.
Ocupado
en su histrionismo grotesco e inmerso en una mezcla de ocurrencias
traídas del pensamiento de otros desadaptados, Chávez
alucina en cómo
imponer sus locas "ideas bolivarianas" de corte nacionalista
a la población.
Así ha dejado de ocuparse en resolver, desde las recurrentes
fallas en los
servicios básicos hasta la frágil situación
económica soportada sólo en el
efímero boom petrolero, pasando por la aguda corrupción
gubernamental y la
tasa creciente de desempleo que rebasa 15%. Así "gobierna"
el ahora famoso,
por su vergonzante política autoritaria, Hugo Rafael Chávez
Frías.
Obstinado
en su meta personal de promover la llamada revolución bolivariana,
que a nadie le va ni le viene fuera de sus fanáticos, paulatinamente
ha
perdido el derecho de mandar y de ser obedecido por los ciudadanos
venezolanos. Chávez dejó de ser un mandatario legítimo
y respetable, si es
que un día lo fue.
Baste
para comprobar el desprestigio de este personaje, conocer la opinión
que, de no pocos de sus compatriotas, recogió un foro de
BBC mundo.com en
los primeros días de noviembre de 2005.
Mientras
para unos Hugo Chávez es un loco que sólo quiere
llamar la atención
desde su condición de marioneta de Cuba, asumiéndose
como imitador barato de
Fidel Castro, para otros es motivo de vergüenza tener un
gobernante tan
cargado de resentimientos y con una actitud que no corresponde
ni a la
educación ni a la cultura de los venezolanos.
En
él no puede aplicarse la descripción evangélica
del Buen Pastor para
afirmar que ha sido el gobernante que no llegó a ser servido
sino a servir,
que fue siempre delante de sus ovejas dispuesto a ofrendar su
vida por
ellas. Ha hecho del gobierno un patrimonio personal.
Es
una pena y una tragedia para nuestros hermanos venezolanos vivir,
por
ahora, en una especie de ausencia de Estado. Impedidos, también
por ahora,
de compartir decisiones con su gobierno para avanzar hacia el
fin por todos
buscado y para todos necesario.
Los
recientes e insultantes exabruptos de Hugo Chávez hacia
el presidente
mexicano Vicente Fox sólo han servido para exhibir el vacío
de quien
representa una clara amenaza a la aspiración democrática
de América Latina.
El
desprestigio social de Chávez en su país se refleja
en una reciente
encuesta de El Universal de Venezuela en la que 53% de los usuarios
piensa
que su presidente es responsable de la crisis en la relación
diplomática con
México.
Más
allá de la circunstancial discrepancia por la pretendida
Área de Libre
Comercio de las Américas, está la loca idea de enseñorear
en Hispanoamérica
el delirante populismo que se ostenta como representación
de los pueblos y
que, en su demagogia vulgar, justifica todo tipo de acciones desde
el poder,
sin dar a éstas dimensión ética y sin atender
criterios de gobernabilidad
democrática con participación ciudadana y responsabilidad
fiscal.
Las
muchas disculpas públicas de ciudadanos venezolanos por
el bochornoso
espectáculo chavista en contra del presidente Vicente Fox
es también señal
de dónde andan los bonos de este emisario de los viejos
autoritarismos
militares de América Latina en desuso.
Por
fortuna para Venezuela, hay esperanza en liderazgos emergentes
que
tienen un claro compromiso con la dignificación de la política
y el
bienestar de ese pueblo doliente. Hombres y mujeres demócratas,
de formación
humanista, que ven a la persona como fin y no como instrumento,
están dando
una valiente lucha ciudadana por el restablecimiento de la normalidad
democrática venezolana, otrora ejemplo para los pueblos
de la región de
Hispanoamérica y del mundo.
Frente
al espíritu envenenado de odio resurge el espíritu
libertario del
solidarismo. Frente al vampirismo antropófago de Chávez,
se levanta la
bandera que enarbolan valientes hijos de esa patria que padece
el dolor
evitable del autoritarismo. Ellos son la opción moral de
su nación y
cuentan, en su nobilísima tarea, con el respaldo solidario
de líderes de
fuerzas políticas hermanas de todo el continente. Si la
ceguera de Hugo
Chávez le impide ver este movimiento, que oiga al menos
las voces de la
democracia latinoamericana que anuncian optimistas el fin de su
régimen de
facción. Hay futuro en Venezuela.
Manuel
Espino Presidente del CEN del PAN ( Partido
Acción Nacional ). Los puntos de vista expresados
no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota del Editor: Este comentario fue originalmente publicado por
El
Universal de Mexico, el 17 de noviembre del 2005. Petroleumworld
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Venezuela 11 21 05
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