Comentario
Editorial/Opinión
Michael
Rowan: Teatro del absurdo
EN EL CLIMAX
de la Guerra Fría, dramaturgos en Europa y Norteamérica
presentaron sobre la tablas una nueva visión desoladora
de la vida. Samuel Beckett, Harold Pinter, Eugene Ionesco, Jean
Genet y Edward Albee sostenían lo mismo: el centro no se
sostiene, como dijo Yeats. Estos dramaturgos sentían que
los valores fundamentales se habían tornado irrelevantes,
por lo que escribieron dramas cómicos e irónicos
sobre el caos, la inutilidad y la insignificancia, corriente que
se conoció como teatro del absurdo.
Hoy en Latinoamérica,
especialmente en Venezuela, presenciamos un teatro del absurdo,
aunque no en teatros, sino todos los días en TV; no con
actores, sino con políticos; y no con buenos libretos de
dramaturgos, sino vomitados por narcisistas que pretenden ser
políticos. De éstos, el más absurdo es el
más prolífico el Presidente venezolano, que aparece
unas 40 horas semanales en TV. Todos conocen sus infantiles insultos
al Presidente de México, que causaron que los embajadores
de ambos países fueran retirados en una rabieta. No vale
la pena insistir en eso aquí el caso está cerrado,
como dijo sabiamente Fox. Pero Harold Pinter podría haber
reescrito la escena así:
Escena: Un
bar en Tabasco. Un vaquero alto con sombrero blanco y bigotes
bebe tequila. Entra un tipo bajo y regordete con uniforme militar
y boina roja. Se miran fijamente un rato sin cruzar palabras y
la tensión sube minuto a minuto. Algo dramático
ocurre, pero no sabemos qué es. Ambos hombres están
congelados en su sitio, como si estuvieran en shock. Boina roja
finalmente dice: "Eres un imbécil". Sombrero
blanco vacila, le paga al cantinero y comienza a salir del bar.
Boina roja se le atraviesa y dice: "No puedes irte hasta
que pidas disculpas por hacerme decir que eres un imbécil
por algo que dijiste y que olvidé, pero que me ofendió
profundamente". Sombrero blanco permanece en silencio e inmóvil
durante cinco minutos; el público está totalmente
confundido por lo que está ocurriendo cuando cae el telón.
Así
es como a Harold Pinter le gustaba finalizar sus obras: ¿Creen
que esto es aburrido y estúpido? ¡Observen su vida,
su gobierno, la Guerra Fría, idiotas! ¡Son responsables
de todo eso! Así que esta aburrida obra es todo lo que
obtendrán hasta que despierten. No tenemos a nadie como
Harold Pinter que escriba hoy sobre Venezuela. Muy malo. Pausa
larga. Telón.
Traducción:
José Peralta
Michael
Rowan
es colaborador del Universal, su columna se publica todos los
martes ( mrowan@cantv.net ). Los puntos de vista expresados no
necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor: Este comentario fue originalmente publicado por El
Universal el 22 de noviembre del 2005. Petroleumworld no se hace
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por sus colaboradores y columnistas de opinión y análisis.
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Petroleumworld 23 11 05
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