Comentario
Editorial/Opinión
El
Nacional: Gobierno nervioso
Editorial
Lo que más sorprende de la jornada cívica de ayer
es la desacostumbrada
carga de quejas y lamentos por parte del Gobierno. ¿Qué
les dolía tanto y a
qué se debía tanta protesta, si estaban seguros
de obtener la totalidad de
la Asamblea Nacional? Esta es la pregunta central que deben hacerse
los
venezolanos que presenciaron (esa es la palabra precisa) la convocatoria
a
elecciones legislativas que, como era de esperar, puede verse
como el
anticipo soñado por el oficialismo para los comicios presidenciales
de 2006.
En síntesis, la aclamación, que no el triunfo, del
candidato único, como es
costumbre en Cuba y en los viejos sistemas del socialismo soviético,
hoy
olvidado por sus cachorros de aquí.
Lástima
que no puedan superar a sus antepasados y que renieguen la vía
de un
auténtico socialismo popular basado en el poder generoso
del voto de la
gente. Para el oficialismo, ese no es el camino ni la aspiración,
porque
ello conlleva aceptar la igualdad de condiciones para competir
electoralmente.
¿En
qué socialismo se ha visto eso? ¿Puede el chavismo
del siglo XXI darle
esa satisfacción a la gente? Obviamente, la respuesta es
no. Le temen a la
crítica y al voto crítico, a la expresión
de las mayorías si ellas, en un
determinado momento, advierten los errores, las componendas y
las
corruptelas gubernamentales, y castigan electoralmente al poder
central por
estafar la esperanza de la gente al venderles una ilusión
de pureza que no
pueden cumplir.
Lo que los
venezolanos enfrentamos ayer tiene alcances que rebasan la mera
expectativa electoral. Se trata de un país que, por primera
vez, vota
rotundamente contra el organismo electoral nacional, sus métodos
y su cínica
conducta de aparentar imparcialidad, cuando en verdad ocurre todo
lo
contrario.
Cuando las
organizaciones opositoras se deciden a acompañar la justa
propuesta de la oposición civil no partidista, en el sentido
de
desenmascarar la complicidad del CNE con el Gobierno, lo hacen
a sabiendas
de que ese gesto les permitirá resurgir del naufragio.
No así el oficialismo
que, al convalidar a Jorge Rodríguez y su directiva, votó
a favor de lo que
la gente advierte y denuncia como una vulgar expresión
de ventajismo y
trampa colectiva.
Una mínima
dosis de pudor hubiera ahorrado el hostigamiento contra la
decencia de los venezolanos que han significado los mensajes diarios
de la
máxima directiva del CNE, moralmente tartamudos, en los
cuales se buscaba el
pan entre las sobras de un engaño. Lo real y lo verdadero,
lo que esperaban
los ciudadanos, era una muestra de sinceridad que nunca llegó,
a pesar de
los continuos exhortos de la sociedad. En esta oportunidad era
clave un
gesto ético, una actitud de independencia y autonomía,
algo honorable que
los reivindicara ante los ciudadanos que, por extraño que
parezca, creyeron
que el CNE se podría reformar.
Otro de los
grandes errores que daña a los venezolanos, y que es el
denominador común de los discursos oficiales, son las reiteradas
acusaciones
del Presidente de la República, del vicepresidente y del
fiscal general
sobre una intervención extranjera en las elecciones de
Venezuela. Ayer, el
jefe del Ministerio Público se consideró en la obligación
de hablar hasta
por los codos en el canal del Estado, en el sentido de que los
ciudadanos de
este país que se abstuvieron de votar el domingo actuaban
bajo las
instrucciones de una embajada, y que estaban comprados por intereses
extranjeros, no “propiamente por dinero sino por otras ofertas”.
En verdad,
los altos jerarcas del Gobierno no llegan a medir los efectos
de
sus acusaciones temerarias y degradantes. De acuerdo con su desprecio
por
nosotros, los venezolanos carecemos de los valores éticos
suficientes como
para no dejarnos comprar por una potencia extranjera. En efecto,
si tanta
gente es comprable, entonces somos un país desahuciado:
estaremos sometidos
siempre al mejor postor, al dueño de la chequera más
próspera y a merced de
las leyes de la prostitución política. Por fortuna
no es así, como ha
quedado demostrado ayer, con esa muestra de gran civismo y de
convivencia
pacífica entre los diversos sectores sociales.
Pero la falta
de cautela y moderación con el adversario es uno de los
factores que mayores males causa a los venezolanos:
mientras se degrada a los ciudadanos y los partidos de oposición,
y se
coloca irresponsablemente a una embajada extranjera como gran
árbitro
nacional -con una influencia que jamás ha tenido ni tendrá
en el país-, no
llegaremos a ninguna parte.
El Nacional
es uno de los diarios venezolanos mas importantes. Sus puntos
de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor: Este comentario fue publicado originalmente en El
Nacional, el 05 de Diciembre, 2005. Petroleumworld no se hace
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Venezuela 05 12 05
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