Comentario
Editorial/Opinión
Luis
A. Pacheco
: PETROLIA
2005
Comienzo a escribir estas líneas, una tarde dicembrina,
en una casa de residencias ubicada en una arbolada calle en el
bullicioso centro de una ciudad milenaria, que para los propósitos
que nos ocupa bautizaremos con el nombre de Petrolia. Entre las
6 de la tarde y las 8 de la noche, el diminuto pasillo que pasa
por recepción de esta residencia, se puebla con las voces
de los hombres y mujeres, que tras otra agotadora jornada de trabajo
lejos de sus casas, de sus familias y de su país, regresan
al refugio que sus reducidas y desnudas habitaciones ofrecen.
Los
acentos son variados: el voceado maracucho, el seseado oriental,
pasando por la educada voz del andino y el acento indescifrable
del caraqueño, todos venezolanos, todos lejos de casa,
todos unidos por las fuerzas del destino, bajo el cielo de un
país extranjero que generosamente los acoge, a cambio del
baúl de conocimientos y experiencias que pueden aportar.
Hace
un poco menos de tres años, la vida de estos hombres y
mujeres, juntos con las vidas de otras decenas de miles de personas,
se vio sacudida por una de las mas ignominiosas acciones de gobierno
que la accidentada historia de Venezuela haya parido. Hace ya
tres años, los trabajadores de PDVSA, creyendo ingenuamente
en la solidez de los derechos ciudadanos consagrados en nuestra
Carta Magna, se sintieron en la obligación ciudadana de
arriesgar su carrera y el bienestar de sus familias para tratar
de afectar el catastrófico destino al cual se orientaba
el país.
Poco
se ha analizado esos aciagos meses de finales del 2002 y comienzos
del 2003. Lo poco que se ha escrito, televisado o radiado, no
ha alcanzado para escudriñar la verdad que se esconde tras
una historia oficial que se torna en realidad virtual a fuerza
de tanto repetirla. No es este el momento ni el lugar para determinar
esa verdad, pero si es de justicia dejar por sentado, que detrás
de la amañada versión oficial, donde el gobierno
aparece como una inocente victima de las conspiraciones de elementos
antinacionales, podemos todavía atisbar las clavijas y
personajes que el estado todopoderoso y omnipresente manipuló
de una manera consciente para producir, o al menos incentivar,
la inmolación de la petrolera nacional ante el altar de
la ambición política. No se nos deben olvidar quienes
conducían los destinos de PDVSA y la política petrolera
en ese momento, ni sus responsabilidades. Pero dejemos eso para
la historia y los historiadores, y volvamos a Petrolia.
Petrolia
es un nombre ficticio, pero es una ciudad real. Es la ciudad global
donde habitan los trabajadores petroleros venezolanos privados
de su derecho a trabajar y de mantener a sus familias en el país
que los vio nacer. Trabajadores honestos, entrenados y orgullosos.
Petrolia es una ciudad cuyos suburbios tienen nombres familiares
como Lagunillas y Anaco, Maracaibo y Maturín, pero también
menos conocidos como Riyadh, Fort McArthur, Ciudad del Carmen
y Houston.
Petrolia
es una ciudad de familias separadas, donde los problemas familiares
deben ventilarse a distancia, la llama del amor debe ser avivada
vía INTERNET, y la remesa del ausente es el solitario recordatorio
de su ineludible responsabilidad. Petrolia es una ciudad donde
el conocimiento es la divisa de intercambio y sus habitantes la
tienen en abundancia y la intercambian con pasión.
Petrolia
está también habitada por aquellos que con coraje
entendieron que su futuro era alejarse fuera del alcance del olor
del “estiércol del diablo”, y se encuentran
construyendo nuevas vidas, en las más disímiles
tareas y bajo condiciones bien lejanas del confort de las paredes
del enclave petrolero que los vio crecer.
En
la Residencia la noche empieza a desplazar la tarde, y los penetrantes
olores de comida rápida impregnan los pasillos a los que
se abren las puertas de las austeras habitaciones, buscando conectarse
unas con otras y componer un concierto de voluntades y recuerdos.
Es a todos ellos, a los reales personajes de esta y otras residencias
alrededor del mundo, así como a los otros miembros de la
diáspora petrolera que son extranjeros en su propia tierra,
que estas líneas están dedicadas en este el mes
de las navidades.
Este
es un homenaje a su valor, a sus principios, a su indomable deseo
de luchar, pero sobretodo es un homenaje a la dignidad con que
asumieron su responsabilidad en el pasado, y con la que asumen
su presente.
El
silencio de la noche es roto por el sonido casi tribal de una
gaita zuliana que trae añoranzas de la patria chica, semblanzas
del espíritu de Ricardo Aguirre. Los árboles de
la calle asemejan gigantes dormidos, pero aun de pie, como de
pie sigue la fe de estos, mis conciudadanos de Petrolia.
Luis
Pacheco,
Ph. D., ex Director ejecutivo de Planificación de Petróleos
de Venezuela y miembro de la junta directiva de Intesa. (pachecola@cantv.net).
Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld..
Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor:Petroleumworld no se hace responsable por los juicios
de valor emitidos por esta publicacion, por sus colaboradores
y columnistas de opinión y análisis.
Petroleumworld
alienta
a las personas a reproducir, reimprimir, y divulgar a través
de los medios audiovisuales e Internet, los comentarios editoriales
y de opinión de Petroleumworld, siempre y cuando esa reproducción
identifique a la fuente original, http://www.petroleumworld.com
y se haga dentro de el uso normal (fairuse) de la doctrina de
la sección 107 de la Ley de derechos de autor de los Estados
Unidos de Norteamérica (US Copyright)
Internet
Web links hacia http://www.petroleumworld.com.ve son apreciadas.
Petroleumworld.com
Venezuela 07 12 05
Copyright ©2005 Luis A. Pacheco, Todos los derechos reservados
Envie
esa nota a un amigo