Estoy viendo
por televisión los actos solemnes del funeral de Gerald
Ford, el buen presidente norteamericano quien tuvo la responsabilidad
de manejar los asuntos de estado de su país en un momento
delicado, cuando el presidente Nixon había sido obligado
a renunciar por el escándalo de Watergate.
Ford no
fue un presidente brillante pero supo darle al pueblo norteamericano
un sentido de dirección que contribuyó a la recuperación
de la confianza popular en sus dirigentes políticos.
Los actos
estan caracterizados por una imponente y majestuosa sencillez,
un evento compartido por el pueblo, por los familiares del muerto,
por mas altos dirigentes de la nación y sus amigos y
ex-colaboradores.
Casi en
paralelo he visto por la televisión los eventos que han
conducido al ajusticiamiento de Sadam Hussein. Al contrario
de los actos relacionados con la muerte de Ford, la muerte de
Hussein ha sido una pesadilla mas en la larga lista de atrocidades
que ha caracterizado la tragedia del Irak.
El juicio
matizado de violencia de Hussein desembocó en las terribles
escenas en la cuál el ex-dictador sube al cadalso, le
es puesta una soga al cuello y, luego, se ve su su cuello grotescamente
torcido y su cuerpo tendido cubierto por una sábana blanca.
Quienes
amamos la vida no podemos estar de acuerdo con esta manera de
terminarla, aunque los crímenes cometidos por ese hombre
hayan sido horrorosos. Ni siquiera queremos decir que no estamos
de acuerdo con su castigo. Nos referimos al horrible contraste
entre las dos muertes: la del buen presidente, amante de la
democracia, hoy objeto de un grandioso homenaje popular y la
del tirano, culpable de la muerte de miles de sus conciudadanos,
ocurrida en condiciones de tenebrosa pesadilla.
La tercera
muerte recientemente ocurrida fue la de Augusto Pinochet, el
dictador chileno que llevó a su país a una prosperidad
económica y social sin precedentes, al mismo tiempo que
fue responsable por la muerte de miles de ciudadanos chilenos
por razones de ideología política.
La muerte
de Pinochet, ocurrida de manera natural, condujo a un funeral
lleno de tensión, durante el cuál afloraron de
nuevo las pasiones que han dividido profundamente a Chile: unos
lo lloraron como un héroe, otros escupieron su féretro.
Pero, aún dentro de la tensión, gracias a la nobleza
existente en ambos bandos, Chile pudo enfrentar el suceso de
manera cívica y salir airosa, como país, de esa
nueva confrontación.
Tres destacados
líderes políticos mundiales han muerto en un breve
período y sus muertes han recibido muy diferentes tratamientos
en sus respectivos países. Esas muertes han servido para
medir el grado de progreso espiritual de las sociedades en donde
han ocurrido.
Al mismo
tiempo, en Cuba se desarrolla un drama no menos importante que
sirve para calibrar la madurez social y política de esa
sociedad. Tiene que ver con la extrema gravedad del dictador
Fidel Castro. Por casi seis meses Castro ha estado fuera de
la escena política de la isla, después de haber
tenido una avasallante, asfixiante, presencia por 47 años.
Sin embargo,
su enfermedad es “un secreto de estado”. Nadie sabe
si lo que Castro tiene es un cáncer o un caso serio de
hemorroides. La información sobre un asunto de vital
interés para el pueblo cubano ha sido totalmente censurada
dentro y fuera de Cuba.
Solo hace
días un médico español ha dicho no lo que
Castro tiene sino lo que no tiene.La eliminación del
cáncer hecha por el médico significa que Castro
pudiera tener, entonces, cualquiera de las 17479 otras enfermedades
conocidas del sistema digestivo.
La manera
como los diversos sistemas políticos tratan los contratiempos
de sus líderes es altamente indicativa de su fortaleza.
En USA Lyndon Johnson se bajó los pantalones en una rueda
de prensa para mostrar su cicatriz abdominal y una operación
menor de un presidente es objeto de una información exhaustiva
sobre el tipo de problema que la ha ameritado. En Cuba nadie
sabe que le aqueja al líder ni lo que realmente piensa
el vecino.
Definitivamente
prefiero vivir en una sociedad libre, transparente, sin misterios.
Los misterios promueven los rumores y los chismes y conducen
a una considerable ineficiencia social. Es una lástima
que nuestra Venezuela se parezca ya mucho mas a Cuba que a USA
en este sentido. En la Venezuela de Hugo Chávez todo
es rumor, todo está sujeto a la espera del próximo
Aló Presidente.
Cuando un
país se maneja desde un programa de televisión,
podemos decir que no va pál baile.
Gustavo
Coronel
es un veterano geólogo de la industria petrolera, miembro
director de la primera junta directiva de PDVSA (1975-1979).
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