Editorial
Juró, pues, el Presidente de Venezuela para un nuevo
período que recorrerá
desde este año 2007 hasta el lejano 2013, con la promesa
adicional de
reformar la Constitución para poder reelegirse hasta
el fin de sus días, si
así lo desea. Pero como deseos no preñan, como
dicen en Barinas, tendremos
que esperar qué rumbo toma la tan anunciada implementación
del socialismo
venezolano, y cómo será el nuevo sistema político,
social y económico a cuya
construcción promete "entregar su vida" el
mandatario ayer juramentado. El
acto se cumplió con invocaciones a Cristo, Bolívar
y Trostky, una mezcla
patriótica y exótica, aunque un poco lejana de
la realidad actual del país,
más necesitado de seguridad, trabajo y menor inflación
que de retóricas
inyecciones ideológicas. El Presidente cometió
el error de hacer estallar
los fuegos artificiales antes de tiempo, al anunciar el lunes
las
nacionalizaciones de la Cantv, la Electricidad de Caracas y
de las
actividades petroleras compartidas con las empresas transnacionales
en la
Faja Petrolífera del Orinoco. Por ello, el discurso de
ayer ante la Asamblea
Nacional se diluyó entre los interminables saludos a
sus amigos y compañeros
de la Escuela Militar, el "¿How are you?, Fidel",
que ya no causa risa, y
una retahíla de acusaciones y peleas con la Iglesia,
el capitalismo, el
neoliberalismo y la Organización de Estados Americanos,
con especial énfasis
en el chileno Insulza, quien siguió llevando la peor
parte, para desgracia y
tormento de la señora presidenta Bachelet. Pero faltó
la cuestión medular y
de esencia, la política seria y la definición
ideológica, que tanta falta le
hace al movimiento bolivariano que hoy conduce los destinos
del país. No
hubo un planteamiento de fondo sobre lo que todos esperaban
como lo es el
tema del socialismo del siglo XXI, y ya estamos en el séptimo
año de esta
centuria. ¿Por qué cuesta tanto trazar las líneas
generales de un proyecto
que debe acompañar la gestión de gobierno que
hoy comienza? ¿Hasta cuándo
esa improvisación que ya parece consustancial con el
régimen, y que es la
causa fundamental de su debilidad organizativa? Si revisamos
con atención el
discurso con el cual se inicia ofi cialmente la era del socialismo
en
Venezuela, observamos que carece de rigor metodológico,
de fundamentos
teóricos y de visión pragmática para imponer
con eficiencia y rigor un nuevo
orden social, económico y político. Por el contrario,
lo que se nota a
leguas es una improvisación y una incoherencia ideológica
producto de la
confianza única en el carisma popular del Presidente,
y no de la serenidad y
sabiduría del conductor formado para asumir un proceso
de tanta envergadura
y de tantos sueños y esperanzas, como lo ha sido el socialismo
a través de
la historia. Las citas históricas y las referencias documentales
a las cuales hizo mención ayer el Presidente exhalan
un fuerte olor a naftalina, y
basta con analizar la mención a León Trostky,
el revolucionario bolchevique,
para quien la libertad individual y la justicia social eran
inseparables,
para darnos cuenta de que nuestro mandatario desconoce la esencia
de la
polémica crucial que hundió al socialismo en un
sólo país. No basta con
nombrar a Trostky, o como lo hizo también el lunes pasado
con Plejánov, para
aparecer como revolucionario y socialista, si no se tiene en
cuenta que los
retos de un supuesto socialismo del siglo XXI van más
allá y son totalmente
distintos a los de la madre Rusia. ¿Cuáles son
las fuerzas de vanguardia de
la revolución socialista del siglo XXI, cómo se
caracterizan en esta fase
del proceso, quiénes la integran y cuáles son
sus aspiraciones programáticas
mínimas, innegociables e irrenunciables? Nadie lo sabe
y mucho menos el
Presidente y sus colaboradores, que prefieren refugiarse en
una ensalada de
cristianismo y socialismo, de citas de la Biblia y de frases
del teórico
italiano Toni Negri, para ocultar lo que desconocen y que no
son capaces de
sentarse a discutir. En verdad, la guía teórica
práctica de la revolución
boliva riana ha sido durante estos años la Constitución,
que nuestro
mandatario convirtió en un pequeño misal para
explicarlo y justificarlo
todo. Pues bien, ayer el Presidente de la República reconoció
ante la
Asamblea Nacional que el texto constitucional no era confiable,
que había
sido manipulado y que debía ser reformado pues "quedaron
infiltrados muchos
gazapos del viejo orden". ¿Pero no era esa la mejor
Constitución del mundo?
¿No fue aprobada en 1999 por impulso e iniciativa del
presidente Chávez?
El
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Nota
del Editor: Este comentario fue originalmente publicado por
El Nacional, el 11 de Enero del 2007. Reproducimos el mismo
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