Gustavo Coronel:
Papá,
papá :
la Exxon me está jalando las mechas!
La
disputa legal entre ExxonMobil y Petróleos de Venezuela
está dando algunos vuelcos inesperados. La disputa comenzó cuando
el gobierno de Hugo Chávez decidió que el pago de las
regalías en las asociaciones estratégicas de la Faja
del Orinoco debían ser incrementado, ya que las condiciones
originales de la contratación habían cambiado. Este cambio
en las regalías estaba previsto en el contrato, por lo cual
las empresas socias/ operadoras extranjeras tuvieron que acceder, aunque
hubieran preferido ser tratadas de manera civilizada, por aquello de
que “lo cortés no quita lo valiente”. El lenguaje
de Chávez y de Ramírez, sin embargo, fue de patanes:
fue un “tómelo o déjelo”, un “o corren
o se encaraman”o un “si les pica rásquense”….es
decir, la misma manera como a ellos no les gusta ser tratado.
Luego vino algo más espinoso. El gobierno de Chávez pensó que
las empresas estaban haciendo demasiado dinero. Olvidaron que estas
empresas habían invertido los capitales necesarios para echar
a andar el negocio, habían prestado su tecnología y sus
gerentes. De repente, cuando los precios internacionales se tornaron
ampliamente favorables al vendedor, Chávez consideró que
era el momento de dar el zarpazo. Les dijo a las empresas: “ahora
yo quiero la mayoría de las acciones en el negocio”y “veré como
y cuando les pago las acciones que ustedes están obligadas a
traspasarme”. Rechazó las primeras objeciones de las empresas
alegando que Venezuela era soberana y tomaba las medidas que debía
tomar para resarcirse el daño que esas empresas le habían
hecho al país por tanto tiempo. Las palabras “patriotismo”, “soberanía”, “independencia”y “anti-colonialismo” salieron
como balas de ametralladoras de su boca y de la del futuro libertador
de Bolivia, Rafaél Ramírez.
Los ministros del gabinete, así como Carlos Escarrá,
Francisco Arias Cárdenas, los pupilos de Nicolás Maduro
en Londres, Washington y Ciudad de México y otros miembros fundadores
del Club de Aduladores Revolucionarios, CAR, exclamaron alborozados: “así se
les habla a los imperialistas, no jile”. Cuando las empresas
guardaron un prudente o atemorizado silencio, los bravucones de barrio
incrementaron su agresividad: “Y tienen dos meses para decidir
o comienzen a hacer sus maletas”. “Ya tenemos quienes los
reemplazen”, “Eso de producir en la Faja lo hacemos nosotros
mejor que los ladrones del imperialismo”.
Para sorpresa de Chávez dos empresas se negaron a aceptar el
ultimatum: ExxonMobil y ConocoPhillips. Las dos decidieron no aceptar
las condiciones perentorias del régimen chavista y la ExxonMobil
decidió invocar la claúsula del arbitraje. Que dice esta
clausula? Que si las partes no llegan a un acuerdo amigable, pueden
dirimir sus diferencias en un tribunal de arbitraje de naturaleza internacional.
Esta claúsula de arbitraje ha sido denunciada por Chávez
como una entrega de soberanía. Lo cierto es que en el concierto
de las naciones civilizadas no es ya muy posible que una de las partes
pueda invocar una soberanía que le permitiría cambiar
totalmente las condiciones contractuales sin que la otra parte pueda
decir ni pío. Más aún, es discutible que una empresa
del Estado de naturaleza comercial pueda invocar la soberanía
nacional para saltarse a la torera las condiciones originales de un
contrato. Estoy seguro que si Venezuela fuese mañana a firmar
un contrato con la empresa China de Petróleos, no aceptaría
la jurisdicción legal China como una única vía
para dirimir potenciales desacuerdos . Eso sería “traición
a la patria”, no es cierto, Ramírez?
En todo caso, ExxonMobil decidió acudir a un arbitraje para
que le den lo suyo. Lo hizo preocupada, porque se hablaba de pagarle
valor en libros, de pagarle en petróleo a futuro, en un lenguaje
impreciso y arbitrario, con una actitud machista y vulgar. Todo bajo
la sombrilla de la soberanía nacional, como repiten incesantemente
desde Miraflores y La Campiña los socios de la empresa “Chávez
y Ramírez, SRL”.
Ahora bien, ese concepto tan cacareado de soberanía y de independencia
parece haber sufrido una nueva y brusca interpretación. Lo digo
porque Alvaro Silva Calderón fue sacado precipitadamente de
su retiro, como lo fue en su momento Alberto Muller Rojas, para ir
a la OPEP, una organización internacional, a pedirle en nombre
de Chávez que discuta y se pronuncie sobre la disputa legal
entre ExxonMobil y PDVSA, dos empresas petroleras internacionales,
ninguna de las cuáles es miembro de la OPEP. Venezuela es miembro
de la OPEP, no PDVSA.
Parece curioso que Venezuela vaya a la OPEP,
una organización internacional, a pedir que se involucre en
lo que el gobierno de Chávez ha definido como una decisión
soberana de Venezuela. Al pedirle a la OPEP que interceda, Chávez
está abdicando lo que él llama la “soberanía
nacional”, o es que no entiendo bien?
En efecto, que es lo que Chávez entiende como soberanía
nacional? Es la facultad inapelable de su régimen para extorsionar,
engañar e incumplir sus compromisos legales? Eso no es soberanía
nacional en mi diccionario. Eso es ventajismo y abuso de poder. Menos
puede ser soberanía nacional cuando, al ver que la otra parte
hace uso de sus facultades legales y, además, le embarga unos
activos en el exterior para garantizar el posible pago de los daños
que alega, sale corriendo para donde papá OPEP, chillando: “Papá,
papá, Exxon me está jalando las mechas”.
Chávez le ha hecho saber a la OPEP por conducto de su enviado
Silva Calderón (para lo que quedó Alvaro en el ocaso
de su vida pública!) que él considera la acción
de ExxonMobil como “una agresión” y espera que la
OPEP tome las medidas “conducentes”. Esto significa que
Chávez confunde a la OPEP con una OTAN cualquiera o como una
sucursal del ALBA. Hace unos meses el Rey de Arabia Saudita lo mandó a
callar cuando trató de politizar la reunión cumbre de
la OPEP.
Ahora va por más, porque espera, ni más ni menos,
que la OPEP amenaze a los Estados Unidos con un embargo petrolero,
porque así como él ordena a Ramírez hasta cuando
debe ir al baño, así piensa que Bush ordena a la ExxonMobil
lo que debe o no debe hacer y que la CIA y Condoleeza están
detrás de la ExxonMobil.
Para que tienen un embajador en washington?
Pero esta absurda telenovela tiene un aspecto potencialmente muy peligroso.
Para la OPEP hacerle caso a los pedidos de Chávez sería
sumamente arriesgado. Significaría convertir un pleito entre
dos entidades comerciales, promovido por la codicia e ignorancia de
Chávez, en una crisis geopolítica que enfrentaría
a dos líderes quienes están de salida y quienes no se
distinguen precisamente por su sentido común. Lo más
peligroso es que Chávez ya no tiene nada que perder.
Recuerdo
el poema de Aquiles Nazoa:
“atraviesa
la calle con el fácil
desparpajo del perro callejero,
quien a todo perder no pierde nada”.
Dios
mío, en que manos estamos?
Gustavo
Coronel es un veterano geólogo de la
industria petrolera, miembro director de la primera junta directiva
de PDVSA (1975-1979).
Todos sus articulos pueden verse en www.lasarmasdecoronel. Sus puntos
de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota
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