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Comentario Editorial/Opinión

 

 


D.F. Maza Zavala :
Contradicciones económicas

 

 

En toda economía existen contradicciones; de cierto modo, la economía es
compleja, dinámica, contradictoria y paradójica. La venezolana no es la
excepción: por el contrario, siempre se ha caracterizado por ser campo
propicio a las paradojas. En la actualidad algunas contradicciones son
evidentes.

Una contradicción que ha consumido muchas páginas de la literatura
económica, en Venezuela y en toda América Latina, es la que existe entre el
crecimiento económico y la inflación. En los últimos años, desde 2004, se
registran elevadas tasas de aumento del PIB, desde 18% a 8%; ello debería
ser un factor de estabilización de precios, pero no lo es; en estos años la
tasa de inflación ha fluctuado de 13% a 22,5% y las presiones inflacionarias
son cada vez más fuertes. Desde luego, ello pudiera explicarse, en parte,
por la circunstancia de que la oferta de bienes de producción nacional no es
suficiente, ni bien distribuida, ante una demanda mayor en virtud del
aumento de ingresos de amplios sectores de la población. Luego, el
crecimiento es, no sólo insuficiente, sino también inadecuado.

En relación con lo anterior, existe una brecha real y amplia entre la
demanda de bienes y servicios y la oferta, un desequilibrio que genera
presiones inf lacionarias, pero también insatisfacción de los consumidores.

La expansión sin precedentes del ingreso petrolero implica una elevada
capacidad para importar y, efectivamente, la importación también ha
alcanzado niveles sin precedentes; pero la importación, que resuelve
transitoriamente el problema, se convierte en un obstáculo para superar
aquella insuficiencia, por lo que se crea un círculo vicioso de baja
producción-alta importación-baja producción que restringe la posibilidad de
crecimiento.

Es, más que contradictorio, paradójico que disponiendo el país de crecientes
ingresos petroleros, la población sufra carencias vitales de alimentación.
Las carencias se deben al desabastecimiento del mercado en artículos de
primera necesidad, que propicia la especulación e impulsa la inflación, de
manera que los ingresos monetarios se disuelven en las manos y el bolívar no
logra el objeto de ser fuerte.

La balanza de pagos muestra signos de debilidad; el año pasado se registró
que contrasta con el movimiento ascendente del ingreso petrolero. El
capital, al parecer, no encuentra oportunidades en un país que, como el
nuestro, debe ofrecerle múltiples oportunidades de inversión.

En el pasado, hace 45 años, el bolívar era una moneda fuerte y estable; la
economía venezolana era entonces muy modesta, de base petrolera como ahora,
con bajos precios del petróleo, pero con moderación fiscal y monetaria y
tasas de crecimiento sostenidas, con una variación de precios no superior a
3% anual. Ahora todo se mide en billones o en millardos, las variables
petroleras y fiscales son de alta escala, los recursos acumulados en divisas
superan los 50 millardos de dólares, y el bolívar se deprecia continuamente.

Existe una extraordinaria bonanza fiscal, lo que permitiría un gasto
equilibrado y provechoso para el país y su gente, sin endeudamiento; pero
con la bonanza se ha fortalecido la inclinación a la deuda y se ha hecho
habitual el déficit fiscal.

Al parecer, según la estadística oficial, el desempleo se ha reducido a un
dígito, lo que sería muy deseable; pero el empleo informal o subempleo da
refugio a 40% de la población activa. Llegaremos así al pleno empleo con
numerosos trabajadores calificados o no en busca de empleo, y otros que se
van al exterior en procura de oportunidades, por lo que este país, antes
destino de inmigrantes, ahora es de emigrantes.


 

Domingo F. Maza Zavala es un destacado economista venezolano, ex miembro del directorio del Banco Central de Venezuela. Los puntos de vista expresados no necesariamente son los de Petroleumworld.

Nota del Editor: Este comentario fue originalmente publicado por El Nacional, el 26 de marzo del 2008. Reproducimos el mismo en beneficio de los lectores.

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