VenEconomía: Diferencias lapidarias
Tras una larga espera, esta semana se debate en el Senado de Brasil si Venezuela entra o no en Mercosur. De entrar, Hugo Chávez comenzaría a latirle en su propia cueva a Luiz Inàcio Lula da Silva, su más fuerte rival (amistoso) en la arena política latinoamericana.
Esta ocasión hace oportuno sintetizar un análisis del experto político Michael Rowan, publicado en VenEconomía Mensual de octubre, donde desmenuza la gestión de ambos mandatarios, concluyendo que “Lula está demoliendo a Chávez en todos los aspectos menos uno, la presencia mediática”.
En opinión de Rowan, Lula y Chávez han marcado trayectorias dramáticas para sus países, pero en direcciones opuestas.
Lula, afirma, heredó un país renaciente y lo ha llevado a lo más alto. Chávez heredó un país lleno de problemas y lo ha terminado de destruir.
El desbalance en lo económico de las gestiones de ambos mandatarios es, por decir lo menos, devastador.
Según Rowan, hoy como nunca se puede afirmar que Brasil es un país del futuro, con un profundo liderazgo político y económico. El “giro económico que el presidente Cardozo, de centro derecha, inició en Brasil con la estabilización fiscal en la década de los 90 está siendo culminado con bríos por el izquierdista Lula.
En Brasil, ninguna ideología, ya sea de derecha o de izquierda, ha interferido en su marcha hacia una sociedad abierta, una robusta economía diversificada, una fuerza de trabajo educada, un dinámico libre mercado y un gobierno activista que actúa impulsado por los resultados. “Ésta ha sido la clave del éxito de Brasil”, enfatiza Rowan.
Por el contrario, en lo que respecta a la gestión de Chávez, Rowan afirma que a pesar de que el país en la última década fue inundado con billones de dólares provenientes de ganancias petroleras extraordinarias, su economía sufrió un colapso brutal debido a la política. Chávez politizó a los militares y militarizó la política, y cobró en PDVSA a su primera víctima. “Se ha demonizado la globalización y se limitaron o eliminaron las libertades económicas. Una economía confiscatoria y una pesada carga fiscal sustituyeron los mercados abiertos”.
En Venezuela con Chávez “el apetito del Estado por la conquista y el robo eclipsó lo peor del capitalismo salvaje de los gobiernos que le antecedieron, mientras las industrias y los servicios cayeron bajo su espada”. Nada ha quedado a salvo “el petróleo, la electricidad, el cemento, acero, aluminio, tierras agrícolas, fábricas, hoteles, mercados de alimentos, diarios, radio y TV, clínicas, universidades y escuelas”. Se implantó “un régimen fiscal confiscatorio” y con leyes punitivas y persecución selectiva de los ciudadanos se acabó con lo que quedaba.
Hoy, indica, Brasil tiene lo necesario para atacar sus problemas, a pesar de contar con $10.200 de PIB per cápita, 8% de desempleo, 30% de pobreza, una inmensa brecha entre ricos y pobres y un alto índice delictivo. Desde la izquierda y la derecha han acelerado el motor económico de Brasil.
En contraste, Chávez no desarrolló en Venezuela una economía libre y diversificada. Se obsesionó con asumir y mantener el poder absoluto de por vida, igual que su mentor Fidel Castro, para imponer un proyecto político que rechaza la mayoría de la población.
Perversamente hoy la economía de Venezuela es un ejemplo clásico de la dependencia insostenible de un único recurso, controlada ésta por el Estado, al igual que controla la moneda. Esto al combinarse con un alto nivel de desempleo que ronda a 8,4%, y con la peor tasa de inflación del Continente, ha convertido a los empresarios del país en prestamistas dependientes del Estado y en expertos en hacer acuerdos políticos, mientras que a los pobres los ha envuelto con misiones que no ofrecen incentivo alguno para generar “ningún tipo de destrezas”.
Como ilustra Rowan, si se tratase de “un combate aéreo, Lula estaría disfrutando el paisaje en el cielo azul mientras Chávez caería sin remedio en barrena”.

