VenEconomía: Camino al despeñadero
La zona fronteriza con Colombia se ha convertido en leña ardiente como pocas veces se ha visto en la historia de Venezuela.
Lo grave es que ha sido el mismo Gobierno de Hugo Chávez el que persistentemente ha encendido la candela en aras de la expansión regional de su proyecto político, sin importarle las nefastas consecuencias que esto está ocasionando al país.
La política confrontacional de Venezuela con Colombia ha afectado, entre otros sectores, a la agroindustria y al comercio de ambos países. En materia comercial, por ejemplo, se han registrado varias confrontaciones: Desde, el primer conflicto con el trasbordo de mercancía entre camiones en la frontera a inicios del mandato de Chávez, pasando por la decisión de éste de salirse de la Comunidad Andina de Naciones hasta llegar a inventar uno y mil obstáculos para interrumpir el libre comercio en la frontera, al punto de que hoy existe un embargo no declarado de las importaciones desde Colombia.
Si bien en estos últimos diez años Colombia y Venezuela han roto las relaciones en varias ocasiones, hasta ahora las cosas no habían pasado a mayores debido, entre otros factores, al buen uso de la vía diplomática por parte del Gobierno de Álvaro Uribe. Sin embargo, ahora parece que ésta no puede seguir siendo un dique de contención y las aguas podrían llegar al río.
Según publica El Universal en su edición de este miércoles, el ex asesor de paz de Colombia, Lázaro Vivero, opina que “las fricciones entre ambos gobiernos trascienden lo político, lo económico, y se encaminan hacia una tensión bélica”. Afirma que las relaciones colombo-venezolanas “están en un punto tan neurálgico que cualquier cosa podría suceder”.
En los actuales momentos la situación fronteriza se ha tornado en extremo candente, con acusaciones y denuncias de espionaje de parte y parte, y con graves eventos de violencia, que han cobrado decenas de vidas.
Siguiendo su política de apoyo a las fuerzas antidemocráticas del Continente, el Gobierno Nacional se ha mantenido proclive a la “causa” de los grupos narcoterroristas colombianos, como las FARC y el ELN. Según analistas y denuncias del Gobierno colombiano, la Venezuela de Chávez ha permitido no sólo que los integrantes de estos grupos utilicen el territorio venezolano como aliviadero, sino que les habría permitido que lo usen como base de operaciones.
A esto se le suma, el que las autoridades auparon el surgimiento del grupo guerrillero autóctono, conocido como Fuerzas Bolivarianas de Liberación (FBL). La trágica consecuencia de todo esto ha llevado a que en Barinas, Táchira, Zulia, e incluso los estados centro-occidentales, haya surgido el secuestro y el sicariato, dos flagelos delincuenciales que hace una década poco se conocían en el país, pero que hoy son cosa de cada día.
Lamentablemente, el Gobierno Nacional lejos de trabajar con los gobiernos regionales para atacar y poner freno a esta violenta situación, hace todo lo contrario manteniendo un estado de beligerancia y confrontación con los gobernadores del Táchira y el Zulia, dos de los estados fronterizos más importantes del país, a quienes se les sabotea y obstaculiza su gestión. Es público el enfrentamiento de Chávez con el ex gobernador Manuel Rosales, a quien amenazó con la muerte política y sometió a un juicio espurio que lo llevó al exilio. Ahora, arremete contra el gobernador César Pérez Vivas, a quien según afirmaciones del propio mandatario esta semana, también se le impulsará a marcharse del país.
De nuevo se pone en evidencia que la hegemonía, el expansionismo, el abuso de poder, la impunidad, la represión y la discriminación política, son abono fértil para inflamar a los pueblos y llevar a los países al despeñadero.

