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Opinión - Editorial

 

 

 

Mauricio Funes :
"No vamos a ingresar al ALBA
"

El Presidente de la República de El Salvador , Mauricio Funes en su discurso de inauguración de la VII Convención Internacional de Salvadoreños en el Mundo, la noche del martes en San Salvador.

Discurso del Presidente Mauricio Funes, con motivo de la inauguración
de la VII Convención Internacional de Salvadoreños en el Mundo.

Queridas hermanas, queridos hermanos: Es una inmensa alegría  tenerlos aquí, en casa, en este hogar compartido que es nuestra amada Patria. Con muchos de los que veo aquí esta noche, amigos, amigas, compañeros, compañeras, nos hemos encontrado en mis visitas al exterior. Con algunas y algunos he tenido la fortuna de poder platicar largamente y hemos forjado, de ese modo, una hermosa amistad.

Nos visitan en un momento muy especial, cuando se aproximan las fiestas de Fin de Año, que es el momento de reencuentro familiar; el momento que hemos esperado y deseado durante meses. Pero también es un momento muy particular de la vida del país, en un doble sentido.

En un sentido coyuntural, como saben, la tormenta Ida produjo una nueva tragedia que ha costado más de doscientas cincuenta vidas entre muertos y desaparecidos, además de daños muy grandes. Unas tres mil familias se han quedado sin vivienda o con sus casas dañadas, han perdido sus muebles y enseres y les ha quedado el amargo sabor de la pérdida humana y material.

Y déjenme transmitirles una convicción, que no busca echar culpas sino subrayar una dura realidad: La tragedia no distingue clases sociales, pero entonces uno se pregunta ¿por qué siempre golpea con dureza exclusivamente a los más pobres y vulnerables? Y sólo encuentro una respuesta: sencillamente porque la ausencia del Estado, su incapacidad histórica para protegerlos, la inexistencia de una política responsable de prevención y mitigación del riesgo ha permitido que miles de familias humildes sean golpeadas una y otra vez por factores climáticos o movimientos sísmicos.

Y esta realidad que traigo aquí esta noche me permite transmitirles una decisión personal y de mi gobierno: Nunca más vamos a tropezar con la misma piedra. Hemos aprendido de esta experiencia y comenzado una política de reconstrucción que mira hacia adelante, hacia el mediano y largo plazo. Esta vez no hemos distribuido láminas y madera para que las propias familias levanten sus precarias casas en los mismos sitios vulnerables donde ya han sido afectadas otras veces. Se harán viviendas nuevas y dignas, en sitios seguros. Porque este es el tipo de cambios que demandó esta sociedad cuando eligió a este su servidor como Presidente. Y con esto vuelvo al tema que tantas veces hemos conversado con muchos de ustedes.

Se acerca  el fin de un año en que ha comenzado a caminar el nuevo gobierno del cambio. Y cambio quiere decir que no hemos venido a conducir los destinos del país para administrar un Estado ausente; para alimentar la desigualdad, para mantener un modelo de gestión económica basado en la concentración de la riqueza y en la especulación; para convalidar una democracia imperfecta, limitada y estrecha. Hemos venido para construir un modelo de país que no expulse a sus hijos. Para poner fin al atraso, a la exclusión y a toda forma de injusticia e inequidad. En este sentido es que les decía al comenzar estas palabras que llegan ustedes a casa en un momento especial.

Amigas, amigos: Acabamos de cumplir nuestros primeros seis meses de gobierno. No es mi intención hacer esta noche un balance de gestión. Simplemente quiero decir que cuando hay tanto para hacer el tiempo parece que volara. Hemos comenzado por donde debíamos comenzar: prepararnos mental y emotivamente para acometer los cambios que el país y el pueblo demandan.

En primer lugar: personalmente he tomado la responsabilidad de desarmar los espíritus y convocar a la unidad nacional. Ustedes conocen bien el daño que los enfrentamientos y las pasiones ciegas han hecho a nuestro sufrido pueblo. Comprenderán, entonces, que el gobierno del cambio comience por unir, por poner por encima de intereses personales o de grupo los sagrados intereses de la Nación y de la gran familia salvadoreña.

No es posible enfrentar los enormes desafíos que tenemos sin la unidad de todas y todos. No es posible enfrentarlos en un clima de rivalidades, odios, rencores y otras rémoras inmovilizadoras que llegan del pasado.

Unirnos, hermanarnos, es pues, la primera condición del cambio. Y esa es la tarea que personalmente he asumido y les pido esta noche que me ayuden a hacer posible esa unidad. Ustedes pueden también dar ese ejemplo y, de hecho lo hacen, cuando se unen, debaten y proponen caminos y soluciones, frutos del diálogo en unidad y hermandad.

En segundo lugar: hemos comenzado -en medio de enormes estrecheces financieras y limitados por una fuerte crisis económica y social- la reconstrucción del tejido social salvadoreño. El Plan Global Anticrisis que hemos puesto en marcha contempla programas y acciones en materia de política social que tienen un nuevo sello: ésta ya no se concibe desde un punto de vista asistencialista, sino con un enfoque de derechos humanos.

En otros términos: los pobres no serán más sujetos de limosna, sino sujetos de derechos y el deber del Estado es garantizarlos. Esta tarea llevará mucho tiempo, pero era esencial que en primer lugar reformuláramos la estructura del Estado en la materia. Por esa razón es que en lugar de la vieja Secretaría de la Familia hemos creado la Secretaría de Inclusión Social, que conduce mi querida esposa Vanda.

Amigas, amigos: En tercer lugar, nos hemos propuesto la reconstrucción económica del país. Esta tarea requiere un cambio serio del rol del Estado y una transformación profunda del modelo de gestión económica. El país tiene crecimiento negativo y, aunque las perspectivas para el año próximo no son tan pesimistas como nos decían hace unos meses, de todos modos seguiremos con crecimiento negativo.

Pero no le echemos toda la culpa a la crisis financiera mundial. La recesión en el país comenzó antes de que explotara esa crisis internacional y tenemos, entonces, que saber que la propia estructura productiva del país necesita de un fuerte cambio. Muchos de ustedes y de nuestros compatriotas en el exterior provienen de hogares rurales y saben el abandono a que ha sido sometido este sector vital del tejido productivo nacional. Somos prisioneros de la importación de productos que hasta podríamos exportar.

Por eso debemos recuperar al campo, dotarlo de recursos y facilidades para que vuelva a tener la pujanza que supo tener décadas atrás. Pero tampoco podemos basar la competitividad de nuestras empresas en los bajos salarios y en la elusión o evasión impositivas. O somos un país moderno, serio, que invierte en recursos humanos, en el conocimiento y la innovación o condenamos a las grandes mayorías a vivir en el atraso y la miseria y a las nuevas generaciones al exilio o a la delincuencia y el crimen.

Amigos, amigas: El tercer objetivo básico del gobierno del cambio es la reconstrucción institucional. En este punto quiero detenerme un momento porque se refiere  a una de las mayores reivindicaciones de todos ustedes y de nuestras hermanas y hermanos en el exterior, y es, además, una convicción de este servidor. Es sabido que nuestra institucionalidad tiene puntos muy débiles. La justicia está seriamente cuestionada por la sociedad; el Poder Legislativo igualmente;  las leyes no se cumplen.

Pero frente a todos estos problemas hay otro aún más relevante, porque afecta a la propia conformación de nuestro sistema de representación, a nuestra democracia. No podemos hablar de progreso ni de democracia real cuando tres millones de ciudadanos salvadoreños están proscritos, les es negado su derecho a votar.

Estamos hablando de más de un tercio de nuestra población sin voz, sin participación, sin presencia institucional, sin derechos esenciales en su país natal por residir en otro lugar. Mientras este derecho básico no se solucione, nuestra democracia no pasará de ser un modelo imperfecto de representatividad.

Es el momento de poner fin a esa esquizofrenia nacional que por una parte ensalza a los hermanos en el exterior, sabedor de que sus aportes son la primera variable económica del país, y por otro les niega el derecho más básico de participación ciudadana. Como gobierno, pondremos todo nuestro esfuerzo en que esta situación cambie. La decisión final no depende de mí ni de mi gobierno, pero en cuanto a lo que nosotros respecta, ayudaremos como sea necesario a facilitar el voto de los salvadoreños en el mundo.

El cuarto objetivo de nuestro gobierno es fortalecer la presencia de El Salvador en el mundo. Y ello a partir de una concepción central, básica: no más alineamientos ideológicos; no más amigos o enemigos determinados por la ideología. Lo que debe fundar una política exterior seria son los intereses permanentes de la nación salvadoreña. Es lo que hacen todos los países serios y respetados del mundo y no queremos ser una excepción a esa regla virtuosa.

En ese sentido, tenemos una alianza estratégica con los Estados Unidos de Norteamérica, no solamente porque la inmensa mayoría de nuestros compatriotas en el exterior vive y trabaja allí, sino también porque es un gran mercado y con él debemos ampliar más y más nuestro intercambio y tornarlo cada vez más beneficioso para nuestro país. A la vez, pertenecemos al sistema Integrado Centroamericano, al SICA. Somos Centroamérica. Y Centroamérica es nuestro lugar en el mundo. Y la integración mayor es Iberoamérica, donde están nuestras raíces y nuestra comunidad de lengua, de origen y de futuro.

Integración significa institucionalidad. Significa integración física, económica, social y cultural. En esa dirección debemos avanzar. En ese camino debemos empeñar nuestros mejores esfuerzos. Somos concientes que nuestros países aislados, tomados de uno en uno -como dice el poeta español Juan Goytisolo- somos como polvo, no somos nada. Sólo la unión nos hará posible el porvenir en un mundo que avanza hacia integraciones cada vez mayores.

Esta es la razón por la que no vamos a ingresar al Alba y ni siquiera lo estamos considerando. Tenemos ya un lugar de pertenencia como Nación y debemos trabajar para institucionalizarlo y fortalecerlo cada vez más. Abandonarlo por el Alba u otro intento de agrupamiento de orden político o ideológico sería dejar de lado nuestra historia y nuestros compromisos con los pueblos hermanos de Centroamérica.

De manera que no lo haremos. Quiero también explicarles que los cambios institucionales que queremos llevar a cabo desde la Cancillería suponen también revisiones en nuestro trabajo consular. No tiene sentido que hablemos de justicia social e inclusión mientras dejamos de lado el drama humano que cada día sufren cientos de compatriotas que enfrentan secuestros, extorsiones, vejaciones e incluso la muerte en las rutas de la migración.

Durante años la tramitación de documentos ha ocupado el 80% del trabajo en estas instituciones, en detrimento de la labor de acompañamiento y ayuda humanitaria que queremos priorizar. Por eso, ahora la Dirección General de Migración asumirá la tarea de emitir documentación y, de esta forma, liberará a nuestro personal consular para que pueda dedicarse a la vigilancia del cumplimiento de los derechos humanos. Además, para hacer nuestra labor más eficiente, trasladaremos las instituciones allá donde sean más necesarias, por ejemplo y como primer paso, contaremos con un consulado en Arriaga, lugar de encuentro de los migrantes que suben al llamado "tren de la muerte".

En resumen, pasaremos de tener consulados burocráticos a crear consulados de asistencia humanitaria, siempre respetando, por supuesto, los límites que nos impone la legalidad de los países de tránsito y destino.
Además, en cooperación con el PNUD crearemos un observatorio de la migración que nos proporcionará los insumos cuantitativos y especialmente cualitativos sobre la situación de la migración, fundamentales para la elaboración de políticas más acorde con las necesidades de nuestros compatriotas. Como dije en mi discurso de toma de posesión y también en otras ocasiones, no podemos permanecer indiferentes ante la diáspora constante de nuestro país. No podemos seguir exportando indiscriminadamente nuestro bien más valioso que es nuestro capital humano.

El objetivo del nuevo enfoque que estamos implementando será que la migración sea para los salvadoreños una elección de vida, una decisión voluntaria, no una opción de sobrevivencia o el fruto de la desesperación. En ese sentido, vamos a comenzar una estrategia de diálogo, que como saben se inicia ahora en Estados Unidos con la visita de nuestro Canciller a la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, encaminada a construir estrategias de desarrollo conjunto.

Aspiramos a convertir a las comunidades residentes en el exterior en socios del desarrollo nacional; por eso crearemos un sistema de oportunidades para que las mujeres y los hombres que residen fuera de nuestras fronteras puedan aportar conocimientos, recursos y experiencias a las iniciativas emprendedoras que se pongan en marcha en El Salvador.

El Gobierno está trabajando en la elaboración de una estrategia de desarrollo que brinde oportunidades a la pequeña y mediana empresa y ofrezca condiciones para la participación de los compatriotas en el exterior. En sus comunidades de origen, en proyectos productivos, en iniciativas empresariales, tendrán oportunidades para invertir, hacer aportes y brindar su experiencia y su talento.

Si son luchadores y emprendedores, si con coraje han obtenido éxitos en el exilio, con mayor razón deben contar con condiciones para lograr lo mismo aquí en el territorio que es de todos. Esa estrategia de desarrollo se orienta a la reactivación económica y al cambio de los modos de crecimiento, que han sido excluyentes y desintegradores; tiene la finalidad, además, de consolidar los lazos familiares, temporalmente rotos por la migración. En las nuevas formas de desarrollo que queremos forjar debe tener un lugar destacado nuestra gente que vive fuera del país, porque nuestro desarrollo será mejor si ofrece vías para que los vínculos del pueblo salvadoreño se estrechen y fortalezcan.

Por eso, iniciaremos una política que ponga el énfasis en una hermosa palabra que creo que lo resume todo. Arraigo. Quiero trabajar de cerca de ustedes, escuchar sus ideas y multiplicar el número de iniciativas de desarrollo conjunto y de cooperación. Plantemos juntos esa semilla, hagámosla crecer, dejemos que asiente sus raíces fuertes sobre esta tierra y que permita a las siguientes generaciones de salvadoreños gozar de sus frutos, contemplar nuevas oportunidades, disfrutar la posibilidad de quedarse y realizarse en El Salvador. Como dije en mi discurso de toma de posesión: "UN PAÍS QUE ES INCAPAZ DE ALBERGAR A SUS HIJOS NO PUEDE VIVIR FELIZ".

Amigos, amigas, seguro de que contaré con ustedes en este camino, les doy de nuevo la bienvenida a ésta, que es su casa, y les deseo una muy feliz Navidad a todos, juntos a sus amadas familias. 

Que Dios bendiga a El Salvador


Casa Presidencial - Republica de El Salvador / 08 de Diciembre de 2009

 

 

Maurico Funes es el Presidente de El Salvador. Los puntos de vista expresados no necesariamente son los de Petroleumworld.

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