Cuando estudiaba en Toulouse tuve el privilegio de conocer y conversar
más de alguna vez con el destacado escritor paraguayo Augusto Roa
Bastos (fallecido el 2007). En ese momento el era un exiliado del
dictador paraguayo Alfredo Sttroessner, que gobernó su país
ininterrumpidamente por 35 años. En esa época -los "80"-, el gran
novelista dictaba algunos cursos en la Université de Toulouse-Le
Mirail, especialmente uno por el cual sentía un especial afecto:
"iniciación al idioma guaraní".
Ya era un autor célebre, sobre todo a partir de la publicación en 1974
de su clásico, "Yo, El Supremo", novela densa y profunda, considerada
una obra cumbre de la literatura hispanoamericana. Se trata de un
relato centrado en la vida de otro dictador paraguayo, esta vez del
siglo XIX -quien se llamaba a sí mismo: "el Supremo"-, José Gaspar
Rodríguez de Francia, conocido como el "Dr. Francia". Con su pluma
magistral, Roa Bastos a través de la figura del dictador, retrata el
fenómeno del caudillismo y caciquismo tan arraigado en la cultura y
"praxis" política latinoamericana, esbozando con maestría al arquetipo
del "Dictador", tan fértil en el territorio del "realismo mágico"
-pensemos a modo de ejemplo en el dictador mexicano Antonio López de
Santa Anna, de quien se dice hizo enterrar una de sus piernas perdida
en batalla con honores militares-. La obra de Roa Bastos fue escrita
en plena Guerra Fría, un momento trágico donde las dictaduras militaristas y de derecha dominaban sin contrapeso en América Latina bajo la lógica de la ideología de la Seguridad Nacional promovida por los EE.UU., y de la cual el escritor paraguayo fue una de sus tantas víctimas.
Por esas ironías de la historia, todo lo narrado en esa novela hoy día
es aplicable, al nuevo "Supremo" del vecindario, quien se llama a sí
mismo, "líder de los llanos" o "el Comandante": el dictador Hugo
Chávez. Son pocos los dictadores que han llegado al extremo, no ya de
cambiar la Constitución, sino el nombre a su país, pretendiendo borrar
la historia y la memoria colectiva de su nación de una sola plumada
colocando el inicio de su mandato como el año cero de una nueva
historia. Ni siquiera Fidel Castro, Hitler o Mussolini llegaron a ese
extremo.
Si escribo estas breves líneas es porque tengo la convicción de que
Chile tiene una deuda moral con el pueblo venezolano que hasta el día
de hoy no ha sabido o no ha querido saldar. Durante la dictadura del
general Pinochet, muchos chilenos se exiliaron en Venezuela, siendo
acogidos con cariño y solidaridad tanto por el gobierno como por el
pueblo venezolano. Y sin embargo, hoy día que se vive la situación
inversa, muchos venezolanos contemplan con dolor, la indiferencia de
los antiguos camaradas chilenos ¿Qué ha hecho nuestro país frente a la
flagrante y sistemática violación de los derechos humanos en
Venezuela? ¿Cuál ha sido el "pago" de Chile? ¿Qué ha hecho José Miguel
Insulza más allá de sus paseos y palabras de buena crianza? En
Venezuela hoy día existen presos políticos que viven en cárceles en
una situación humana indigna, sometidos a apremios ilegítimos y sin
derecho a tener acceso a un proceso justo. En una reciente carta
enviada por uno de ellos (Iván Simonovis, 39 años) al Parlamente
Europeo exponía lo siguiente:
"Durante 23 años ininterrumpidos trabajé en la Policía de
investigación Criminal de Venezuela y, por mis meritos, en el año 2000
fui escogido para ocupar el cargo de Secretario de Seguridad Ciudadana
del Distrito Capital durante los fatídicos hechos del 11 de Abril de
2002. Mi función era la coordinación y supervisión de las políticas de
seguridad pública de la ciudad de Caracas, Venezuela.
Me encuentro encarcelado… desde el 22 de Noviembre del 2004, condenado
a 30 años de presidio… después de un juicio de 3 años (el juicio más
largo de la historia venezolana) además de 4 años y 6 meses de
encarcelamiento, por el delito de complicidad correspectiva en
relación con la muerte de 2 de los 19 fallecidos en Caracas el 11 de
abril de 2002.
Permanezco, en efecto, en una celda de 4 metros cuadrados en el sótano
de la sede de la policía política en Caracas, sin ventilación ni luz
natural. Solo tengo acceso a la luz del sol, 2 horas cada 2 fines de
semana. En total 48 horas, [2 días] al año de luz natural. El lugar
donde me encuentro no es una cárcel, es la sede de la policía política
de Venezuela y estas instalaciones no están diseñadas para albergar
durante tanto tiempo a una persona privada de libertad. En
consecuencia y dadas estas condiciones ha habido un franco deterioro
de mis condiciones físicas y mentales que han ameritado recibir
atención médica, en algunos casos hasta operaciones quirúrgicas cuando
la he necesitado. Hay además una severa restricción de mi derecho a
recibir visitas de familiares, amigos, representantes de ONG
nacionales e internacionales, periodistas violando así artículos de la
Convención Americana de DDHH de San José, Costa Rica.
Durante el juicio, fue escuchada la declaración de 198 testigos de los
hechos y 48 expertos; se evaluaron más de 250 experticias
técnico-científicas; se analizaron más de 5.700 fotografías y videos.
Ninguna de esas pruebas demuestra mi culpabilidad en cuanto a los
hechos que se me imputaron.
En ese mismo periodo de tiempo, fueron identificadas 67 personas,
todas afectas al Gobierno de Hugo Chávez, disparando con armas largas
y cortas contra manifestantes opositores desarmados. Todas estas
personas fueron absueltas o perdonadas por el Presidente de la
República mediante una Ley de Amnistía dictada por la Asamblea
Nacional a petición de aquel, en Diciembre de 2007.
El día 3 de Abril fui condenado a 30 años de presidio sin ningún tipo
de atenuante o beneficio, procesal por el delito de "complicidad
correspectiva" sin autores materiales, insisto una pena de muerte.
Esta abominable sentencia no es ni siquiera comparable a la reciente
sentencia dictada al ex-Presidente Peruano Alberto Fujimori, condenado
a 25 años de cárcel por su autoría intelectual, desde la Presidencia
de la República, en asesinatos con alevosía, secuestro agravado y
lesiones graves en hechos ocurridos en los años 1991 y 1992 en el
Perú.
Señores: mi casa ha sido atacada con bombas molotov; mi familia,
incluyendo a mis hijos menores de edad, ha sido amenazada en su
integridad física de manera pública por grupos radicales armados,
afectos al gobierno nacional; mi esposa, quien además actúa como mi
abogado y al igual que mis hijos, posee ciudadanía española, ha sido
sometida al escarnio público, ha sido amenazada en canales de
televisión y emisoras de radio oficiales y ha sido atacada en su honra
de persona y de mujer de manera sistemática por grupos de personas
afectas al gobierno que eran trasladados hasta la parte externa de la
sede del tribunal para proferir insultos y amenazas durante su salida
y entrada de las audiencias".
Esta es la realidad que vive el pueblo venezolano, ante la
indiferencia internacional de muchos países, que están dispuestos a
tolerar a los dictadores de izquierda porque son "simpáticos", o
porque supuestamente gobiernan en nombre del "pueblo", y en esos casos
la dictadura se justifica. La democracia, lo hemos repetido cientos de
veces, es ante todo una realidad ética, esto implica que si no hay
respeto a los derechos fundamentales de la persona tampoco hay
democracia. Eso es lo que ocurre bajo el gobierno del nuevo "Supremo",
su mérito, ser de izquierda, lo que lo deja al abrigo de las críticas
y le da una mayor tolerancia frente al cinismo ético y político de
muchas democracias occidentales, incluida la nuestra. Del mismo modo,
que fui un crítico del gobierno militar, también lo soy del de Chávez
¿Cuántos demócratas chilenos pueden decir lo mismo? De Camilo Escalona
no espero nada y de Guillermo Teillier menos, pero de Juan Carlos
Latorre, el senador Pizarro, Eduardo Frei y tantos otros espero más
de algo, por lo menos como homenaje póstumo hacia la gran figura del
ex presidente venezolano recientemente fallecido, fundador del partido
social cristiano (COPEI), Rafael Caldera Rodríguez.
Rodrigo Ahumada Durán es filósofo e historiador. Actualmente es Director
de la Carrera de Pedagogía en Historia y Geografía de la Universidad
San Sebastián.Columnista de Memoria y Civilización (España), Revue Thomiste (Francia), Cuadernos de Historia (Universidad de Chile), Communio en Lengua Hispana para América Latina (Bogota-Santiago), Revista Temas de Derecho (Chile), Revista Realidad (Chile), Revista Política y Estrategia (Chile). Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota del Editor : Este comentario fue originalmente publicado por el diario La Tercera, (Chile)el 05 01 10. Reproducimos el mismo en beneficio de los lectores.
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