Los últimos actos de “fuerza” del presidente Chávez como romper relaciones con Colombia, apropiarse de Globovisión, amenazar a la Iglesia católica y también el desentierro de Simón Bolívar y el anunciar, por vigésima vez, que hay un complot para matarlo son parte de su estrategia electoral.
El próximo 26 de septiembre habrá elecciones legislativas en Venezuela, para renovar los 165 escaños de la Asamblea Nacional. Las últimas encuestas señalan que 28 % de los votantes lo haría por la oposición y 27 % por el chavismo. El 51% dice todavía no estar decidido.
Los analistas políticos indican que la gran mayoría del electorado que no señala sus preferencias votará contra Chávez. Él lo sabe y hace esfuerzos desesperados por atraer el voto inventando que se prepara la invasión del país y las “fuerzas oscuras” atentan contra el pueblo.
El resultado de las encuestas, más allá de los fantasiosos discursos chavistas, responde a la violencia incontrolable, a los malos servicios y al desabasto de alimentos y productos básicos que vive la población consecuencia de la absurda e insostenible política económica que impulsa Chávez.
Su incapacidad es cada vez más evidente y sigue despilfarrando, es sólo gasto y no inversión, la enorme renta petrolera de la que dispone y solapando la corrupción creciente de los sectores que le son afines.
El comandante se muestra temeroso ante el descontento popular. Detrás del “hombre fuerte” de la televisión, agresivo y altanero, está el caudillo que sabe puede perder el control de la Asamblea que ha manejado estos años como le viene en gana.
Los recursos melodramáticos de Chávez, que se las da de cantante y actor, tienen cada día menor efecto y llaman a la risa y no a la indignación por la supuesta amenaza a la soberanía nacional. Él sabe que son inventos, al igual que los venezolanos.
Chávez ha utilizado al contralor General de la República, su empleado incondicional, para perseguir a la oposición que ha implicado la inhabilitación y proscripción de candidatos, pero esta acción tiene un límite y siempre habrá quien los sustituya.
La oposición tiene claro que si va dividida favorece al régimen y sólo unida será competitiva. Si lo hace puede poner un alto a las aspiraciones del comandante de perpetuarse en el poder y hacer realidad lo que proponía Simón Bolívar, al que Chávez todos los días traiciona:
“La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos. Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía”.
Rubén Aguilar Valenzuela es Doctor en Ciencias Sociales, licenciado en Filosofía y maestro en Sociología, fue portavoz de la Presidencia durante la segunda mitad del gobierno de Vicente Fox. Sus artículos son publicados por varios medios en México y se pueden leer en el blog Mis Cuadernos: Ruben Aguilar Valenzuela Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld .
Nota del Editor: Este comentario fue originalmente publicado por El Economista, 2010-07-28 | Milenio semanal . Reproducimos el mismo en beneficio de los lectores.
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Petroleumworld Venezuela 29 07 2010
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