¿Cuáles serán los consumos futuros de la industria petrolera, cuál desarrollo eléctrico se desea...
Venezuela dispone de importantes recursos de petróleo, gas natural (gasnat) e hídricos. Las otras fuentes de energía -solar, eólica, nuclear y biocombustibles- deben ser consideradas para ser desarrolladas con el apalancamiento del petróleo y el gasnat.
La seguridad energética de un país debe ser un balance entre su economía, la seguridad nacional cierta y, por supuesto, las consideraciones ambientales; entendiendo que seguridad energética no implica independencia energética, lo cual es imposible. Esta seguridad no debe tratarse aisladamente en este mundo globalizado. Tomando esto en cuenta, surge la pregunta elemental: ¿en el futuro podremos abastecer nuestros requerimientos energéticos con confianza? Para responder será necesario saber hasta dónde crecer y cuánto hay que invertir ya y en el futuro previsible. Además, hasta dónde crecer para cumplir los acuerdos energéticos del país ¿Qué implicaciones tendrá revisar esos acuerdos, en el caso de tener que decidir entre nuestra seguridad y tales obligaciones? Asimismo, hay que tomar en cuenta otros compromisos ya contraídos, como con China, con préstamos a pagar con petróleo a futuro.
Las inversiones antes mencionadas serán clave para hablar de garantizar la seguridad energética del país. Una referencia de los montos a invertir se encuentra en Arabia Saudita, donde para elevar la producción en 3,5 millones de barriles diarios en 5 años, se necesita invertir 50.000 millones de dólares, y estamos hablando de crudos livianos y de yacimientos productivos. Cuánto debe invertir Venezuela solamente para reemplazar la declinación de la producción en las áreas tradicionales que están activas, cuánto para reactivar los miles de pozos que están inactivos, cuánto para desarrollar las reservas de petróleo y gasnat no desarrolladas, cuánto en las áreas nuevas costa afuera para la búsqueda de gasnat, cuánto en las áreas nuevas por explorar y cuánto en las áreas nuevas de la Faja del Orinoco. Todo esto en un horizonte de por lo menos 30 años, sin interferencias político gubernamentales, con reglas claras en materia de permisología y resolviendo los problemas ambientales. Para el desarrollo de yacimientos, hoy cerrados, se estimada un tiempo entre 1 y 2 años; para producir yacimientos vecinos a los desarrollados y con infraestructura, entre 1 y 3 años; para el desarrollo de nuevos yacimientos, entre 3 y 12 años; y para los desarrollos costa afuera, entre 5 y 14 años.
Para precisar sobre la seguridad energética del país, deben cumplirse cuatro condiciones: 1) Disponibilidad: está demostrado que no es suficiente tener las reservas, sino tener la capacidad real de producirlas, y más en el caso de la Faja; 2) Fiabilidad, o la garantía de que se contará con ese recurso todo el tiempo (debemos recordar lo que ocurre en el Guri en las épocas de poca lluvia); 3) Accesibilidad. No planificar con recursos que técnica y económicamente no son accesibles; y 4) Ambientalmente sostenible en el tiempo, que es lo más delicado para el desarrollo futuro de nuestro principal recurso futuro: la Faja. Todo lo anterior se garantizará solo si se dispone de los recursos humanos, la tecnología, sobre todo en empresas internacionales, los capitales foráneos, una buena base de servicios y leyes que garanticen la propiedad privada y la libertad de empresa.
Cualquier plan de seguridad energética debe girar alrededor de las prioridades que se establezcan en la matriz energética que se desea sostener. Para el caso Venezuela hay que responder las siguientes preguntas: ¿Cuáles serán los consumos futuros de la industria petrolera, cuál desarrollo eléctrico se desea, cuál será el sistema de transporte privado y colectivo, habrá nuevas petroquímicas, futuros consumos de las empresas de Guayana, cómo se llevará adelante el plan de gasificación del país, se irá a precios internacionales, habrá subsidios focalizados?
Terminamos recordando que si el mundo se pone de acuerdo en que no se puede continuar contaminando el ambiente con la quema de combustibles fósiles, en especial con derivados del petróleo, y dado que las políticas mundiales al respecto tienden a establecer fuertes impuestos, tanto a los productores como a los consumidores, Venezuela se verá en serios aprietos para explotar los recursos de la Faja, con lo cual solo le quedarían las reservas de gas natural, los crudos menos contaminantes, el aumento de la hidroelectricidad y, finalmente, disponer de los recursos renovables.
Diego J. González Cruz es ingeniero de petróleo, prestó servicios durante 38 años en la industria petrolera ocupando posiciones gerenciales en ingeniería de petróleo y gas en el Ministerio de Energía y Minas, Maraven, S.A. (ex - filial de Pdvsa), PDVSA y Pdvsa Gas. Asignado a la Compañía Shell de Venezuela (1974 -1978). En 1996 fue designado Especialista de PDVSA en Materias de Gas Natural, Ex - Presidente de la Gas Processors Association - Capítulo Venezuela. Actualmente es presidente de Paradigmas XXI, empresa de Consultoría en materias energéticas y regulatorias. Los puntos de vista expresados no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota del Editor : Petroleumworld no se hace responsable por los juicios de valor emitidos por esta publicacion, por sus colaboradores y columnistas de opinión y análisis.
Petroleumworld
alienta a las personas a reproducir, reimprimir, y divulgar
a través de los medios audiovisuales e Internet, los
comentarios editoriales y de opinión de Petroleumworld,
siempre y cuando esa reproducción identifique a la fuente
original, http://www.petroleumworld.com y se haga dentro de
el uso normal (fairuse) de la doctrina de la sección
107 de la Ley de derechos de autor de los Estados Unidos de
Norteamérica (US Copyright).
Internet
Web links hacia http://www.petroleumworld.com.ve son apreciadas.
Petroleumworld Venezuela 16 08 2010
Petroleumworldve.comCopyright
©2010 Petroleumworld. Todos los derechos reservados