Elizabeth
Araujo : Se va el tren
El
último vagón del socialismo soviético-cubano
está atravesando el nuevo continente, pero no hay pasajeros
que aguarden impacientes en las estaciones y exhiban ansiosos
sus deseos o curiosidad por montarse.
A
diferencia del viejo proyecto ferrocarrilero que desde ayer
estrecha más a Caracas con el Tuy, y que este multifacético
militar, pintor, autor de poemas y obras de teatro, maestro,
pelotero y fracasado golpista se empeña en vendérselo
al país como obra exclusivamente suya –porque
en su trepidante delirio de héroe nacional todo comienza
y termina con su nombre– la amenaza de una Latinoamérica
entrando al siglo XXI.
Conducida
por clones suyos, que refundan sociedades, reinventan ministerios
y agregan o suprimen símbolos a las banderas, parece
haber agotado ya su expectativa en tan corto tiempo. Basta
con examinar, entre tantos ejemplos, los resultados electorales
de Perú, México y ahora en Ecuador.
Para
completar, el interminable pugilato por el escaño en
el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas –que
extrañamente los académicos y analistas políticos
del canal televisivo de todos los venezolanos celebraban ayer
en la tarde como si fuesen las incidencias de un Caracas-Magallanes–
no sólo proyectan en el mundo las costuras de la histriónica
diplomacia revolucionaria, sino que amenazan en su obstinación
de continuar derrochando el dinero proveniente de los ingresos
petroleros en causas ideológicas, que nada les dejan
a los venezolanos de a pie, los mismos a quienes pretenden
salvar con la consigna de la espada que camina.
Tantas
peroratas improvisadas y sin chuletas, demasiadas interrupciones
de los programas de televisión o del tránsito
para sus marchas patrióticas y cohetes en las plazas,
abundantes cifras en rojo por culpa de la inseguridad desbordante
y esa manía por conjugar en futuro el verbo hacer,
como si no estuviera a cargo del gobierno gastó las
ilusiones de quienes, luego de ocho años, continuaban
apostando a esa vida mejor que les prometieron.
Es
así como el conductor del tren del viejo comunismo
cubano, repintado como socialismo del siglo XXI, descubre
ahora que su palabra sólo fue un encandilamiento, una
canción pegajosa que se mantuvo por varias semanas
en la cartelera, y ha terminado por convertirse en un fastidio,
al punto que empieza a molestar también a quienes por
convicción o aprovechamiento compraron su boleto y
fingen ser los pasajeros más animados de este viaje
sin retorno.
Elizabeth
Araujo es
una conocida periodista venezolana. Sus puntos de vista no
son necesariamente las de Petroleumworld en Español.
Nota
del Editor: Este comentario fue originalmente publicado por
Tal Cual, el 17 de octubre del 2006. Petroleumworld no se
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17 10 06
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