EL Nacional: Planes desestabilizadores
Editorial
Ahora
resulta que la oposición, según el presidente
Chávez, adelanta a escondidas unos planes desestabilizadores
para llevarlos a la práctica las próximas semanas.
De acuerdo
con las declaraciones públicas del mandatario lanzadas
al aire ayer, de poco vale la campaña electoral que
se está llevando a cabo por todo el país: ya
él la declaró nula y finalizada porque Manuel
Rosales "no tiene el respaldo popular necesario para
triunfar en los comicios presidenciales de diciembre",
como letra a letra lo ha recogido la prensa nacional e internacional.
¿A
qué se debe está abrupta clausura, de parte
del jefe del Estado, de la única salida posible en
un sistema democrático?
Que se
sepa, Manuel Rosales sigue en campaña y nadie en Venezuela
le ha escuchado decir que se retira o cesa en sus aspiraciones
electorales. Al contrario, quien adelanta una línea
de propaganda destinada a hacer creer que Rosales abandona
es el mismo presidente Chávez.
Al parecer
no soporta que otro venezolano le quite la audiencia y le
dispute la atención de los sectores populares y las
clases medias, como ha venido sucediendo en la últimas
semanas.
Pero estas
elecciones presidenciales no las inventó Rosales sino
que están expresamente señaladas en la Constitución
nacional. Son obligatorias, para desgracia de los bolivarianos.
Pero el
Presidente creía que su reelección no sólo
era un paseo por la avenida Los Próceres sino una aclamación
como la del autócrata Guzmán Blanco en su época.
Para su
desventura, le salió una piedra en el camino y carga
con esa piedra en el zapato. No da pie con bola en sus estrategias
de campaña y las cambia como si fueran un camisa empapada
en sudor, para ver si le pone un poco de brillo a una campaña
desteñida y sosa, incluso para sus más fanáticos
y disminuidos seguidores.
Por lo
demás, la calidad de la campaña tiene mucho
que ver con el estado de ánimo del Presidente, con
su espíritu de triunfo y su certeza en la victoria.
En realidad,
él solito personifica la campaña y si ésta
se ve y se nota alicaída, mustia y de terapia intensiva,
es porque al candidato se le han aflojado las guruperas y
quiere coger el monte.
No es
la primera vez que ante un tigre que ronca, en Miraflores
se piensa que correr es vivir.
Sin embargo,
lo que el pueblo venezolano quiere, busca y reclama es una
decisión electoral.
Los golpistas
de alma y sentimiento están hoy enchufados en la burocracia
bolivariana y quienes desde la parte opositora puedan albergar
estúpidamente algún interés en ello,
están de antemano descalificados por la gran mayoría
de la oposición que, poco a poco, ha venido construyendo
una salida democrática electoral con posibilidades
ciertas de triunfo.
Desde
luego, esto no era lo que esperaba el Gobierno porque es lo
menos conveniente para sus planes de radicalización
al estilo cubano.
Pero una
oposición que crece a diario y se quiere contar elec
toralmente, incluso ante un CNE adverso y dominado por la
mano del oficialismo, no refleja para nada un espíritu
de derrota o de abandono de la pelea.
Al contrario,
lo que la prensa ve y constata es un Manuel Rosales con los
guantes puestos, montado en el ring, buscando a un adversario
oficialista que le escurre el bulto y que cuando lo llama
a un debate público lo que logra es que el héroe
del 4-F se ponga los patines y salga disparado.
Cualquier
psiquiatra diría que el Presidente sufre una herida
narcisista al constatar su pérdida pública de
poder y de prestigio, cuando ha surgido un rival que le serrucha
la arrogancia y le poda la autosuficiencia de la que hace
gala.
Es decir,
cuando desnuda la falsa esencia de su imagen personal, fabricada
pacientemente sobre maniobras e intrigas.
A nuestro
mandatario lo guía el espíritu de venganza contra
Manuel Rosales por haberse atrevido a probar y comprobar su
verdadera estatura en una comparación abierta, que
puede terminar en una votación abrumadora y humillante
para el oficialismo, como él bien lo sabe.
El candidato
oficialista pregonó ayer que "por ahí andan
diciendo algunos que querían un debate conmigo. ¿Un
debate conmigo? Miren, yo creo que esos candidatos de oposición
no tienen condiciones para debatir ni siquiera con un niño
de sexto grado de una escuela bolivariana, no tienen cómo".
Lo
dicho: el Presidente se siente ofendido y herido en su orgullo
porque un adversario que tiene un alto porcentaje en las encuestas,
se atreve a retarlo. "No sabe ni hablar", y le es
difícil "articular ideas", dejó entrever.
Que autorretrato tan fidedigno, dirían algunos malintencionados.
El
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Nota
del Editor: Este comentario fue originalmente publicado por
El Nacional el 23 de Octubre del 2006. Petroleumworld no se
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