En
estos tiempos la gente puede agruparse en tres tipos: los que
tienen capital (K), los que tienen trabajo (L) y los que no
tienen ni capital ni trabajo, llamados ahora los excluídos.
Desde
otra perspectiva, normalmente los que tienen capital también
tienen trabajo, aunque pertenezcan ocasionalmente a la clase
ociosa (junto con los militares y los curas), los que trabajan
son además los consumidores, y los que no trabajan son
así los no consumidores.
Este
cuadro implica una cosa requetesabida: la “desigual distribución
del ingreso” en la historia de la humanidad – producto
entre otras razones de la agresividad natural de la especie
humana, por apropiarse del ingreso disponible en una familia,
empresa, región o nación. Habitualmente ha habido
que llegar a las armas, disponer de ejércitos, y en épocas
más democráticas contar con los votos de los desposeídos.
Igual
dentro de la normalidad, la redistribución del ingreso
nacional se trata de lograr por medio de los impuestos, tasando
las ganancias a favor de los más necesitados. Para algunos
estos no es suficiente, y se proponen medidas más draconianas,
tipo las EPS o “Empresas de producción Social”
(EPS , en PDVSA y Miban, CVG, etc.).
A
las EPS se opone el proyecto RSE (“Responsabilidad Social
Empresarial”) – que es una responsabilidad todavía
un poco diluida de parte de las empresas hacia el bienestar
social, por via distintas a los impuestos estatales o municipales.
Recordemos
que las EPS son medidas coercitivas exigidas por PDVSA para
dar trabajo a a sus contratistas, que implican una contribución
hacia obras de interés para la comunidad. Estas “contribuciones”
son del orden del 5% del monto del contrato e implican adicionalmente
y al mismo tiempo una reducción en la tasa de utilidades
del contratista de ingeniería en construcción
y servicios – del orden del 15-20% a un 5% (“equilibrio
económico” igual a tasa pasiva de los bancos ).
Recordemos
igualmente, en el otro extremo la discusión sobre la
RSE, donde se incluyen desde la temática de la limosna,
la inversión social, la filantropía y la “caridad
cristiana”. La principal queja ha sido el abandono de
las comunidades locales por las empresas donde ellas mismas
operan, porque las contribuciones fiscales han ido al gobierno
central que tiene otras prioridades de la distribución
del ingreso, y los sueldos y salarios para la comunidad normalmente
no atienden los servicios públicos requeridos, por ejemplo.
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Al
final de todo, la discusión se reduce a la repartición
de los reales: capital, trabajo y consumidores (o colectividad).
Algunos no aceptan los mecanismos de los impuestos, hacen falta
medidas más coercitivas más inmediatas, el tiempo
es oro. “Pero no hay nada más nervioso que un millón
de dólares”. El sector privado se ahuyentará,
será eliminado y sustituido por las empresas del gobierno
con capacidad financiera, todo posible en un país petrolero.
Hay
que buscar un camino intermedio, del lado del gobierno, EPS:
¿Aumentar los impuestos? - ¿Limitación
de las ganancias? - ¿Contribución social forzosa?
O
bien alternativas del lado de la RSE: ¿Diezmo social
voluntario? – Filantropía sugerida? - ¿Incentivos
fiscales? – ¿Simple y llana caridad?
¡Pero
que encuentre una que funcione!!!
Repasemos
la alquimia, se busca la solución de la fórmula
mágica:
(EPS + RSE) / 2 = 1
Es evidente que entre estos dos extremos, el capital que invierte
en ingeniería y servicios tendrá que desplazarse
hacia otras áreas más rentables de la economía
nacional o internacional, con el subsecuente entrabamiento de
las obras previstas en el sector petrolero.