El convenio “bandera” petrolero
del Gobierno de Hugo Chávez con Cuba arrasó con
el grueso de las posibilidades de darle salud y bienestar a
la población venezolana, especialmente a la de menos
recursos.
El 30 de octubre de 2000, el presidente Chávez firmó
un convenio con Cuba para suministro de 53.000 b/d, modificado
el 15 de octubre de 2004 a fin de elevar el suministro a 92.000
b/d. Este lunes Humberto Calderón Berti, ex ministro
de Energía y Minas y ex presidente de PDVSA (no simultáneamente),
y José Toro Hardy, ex director de PDVSA, formularon ante
la opinión pública una denuncia que devela que
en este convenio petrolero se habría cometido un fraude
de proporciones gigantescas contra el país.
El pliego de denuncias de Calderón y Toro Hardy concentra
tal cúmulo de barbaridades y atropellos, que hace que
lo menos relevante sea la ilegalidad en la cual estaría
montado este convenio. Y que, además, casi carezca de
importancia el hecho de que el mismo nunca fue aprobado ni por
el extinto Congreso Nacional, ni por la actual Asamblea Nacional,
como dicta la Constitución.
Las denuncias revelan, entre otras cosas, que las ventas de
petróleo a Cuba cerrarán este año en $2,2
millardos, si se parte de que se están enviando a la
isla de Fidel, 103.000 b/d, y no los 92.000 b/d que se estipulan
en el convenio.
Además, indicaron que de esos $2,2 millardos, 25% son
pagaderos en letras no negociables del Banco Nacional de Cuba,
a 15 años y al 2% de interés. Esto hace que su
valor presente sea poco más que cero. El 75% restante
está supuesto a que Cuba los pague con bienes y servicios,
en una suerte de trueque, entre los cuales se cuentan: los “médicos”,
“entrenadores” y un sin fin de “asesores”,
entre ellos, el temido G2 cubano, así como las operaciones
de la Misión Milagro y las medicinas provenientes de
la isla y los bombillos que llegan vía Cuba desde China.
¿En qué cabeza puede caber que estos bienes y
servicios puedan tener un valor real de $400 millones por trimestre?
Pues en la de los cubanos y los bolivarianos.
Es más, los cubanos alegan que los bienes y servicios
suministrados por ellos en el primer semestre de 2006 tenían
un valor en exceso de $1,0 millardos, y solicitaron que les
fuera pagado $212 millones en efectivo, pasándose por
alto que esto no estaba establecido en el convenio. Con documentación
en mano Calderón y Toro Hardy, informaron que el mismo
presidente Chávez había ordenado tal pago, y fue
realizado en efectivo con cargo al gasto social de la Corporación
Venezolana de Petróleo (CVP), mediante transferencia
a “bancos europeos sin que aparezca el Gobierno de Cuba
como beneficiario”. Y si esto no fuera suficiente, en
octubre de 2006 los cubanos volvieron a exigir por similar concepto
$127 millones adicionales, los cuales también fueron
aprobados por el Ejecutivo.
En este convenio entre Fidel y Chávez, la pérdida
patrimonial es el doble de los más de $2 millardos por
año que Venezuela ha dejado de percibir. Especialmente,
si se piensa en los beneficios que hubiesen tenido los 15 millones
de venezolanos que viven en la pobreza si ese dinero se hubiese
invertido para construir y mejorar los servicios de salud. Así
como los empleos que se hubiesen generado para médicos,
anestesistas, enfermeras, camilleros y otro sin fin de venezolanos
en las áreas de salud, construcción y mantenimiento.
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Nota
del Editor: Este comentario fue originalmente publicado por
VenEconomía el 21 de noviembre del 2006. Petroleumworld
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