En
la Venezuela de hoy no hay cambio positivo posible sin un presidente
comprometido.
En
Venezuela se han creado grandes expectativas de cambio. Los
opositores al
gobierno de Hugo Chávez aspiramos a un país con
instituciones sin un control
personalista, sin el secuestro ideológico del Estado
y de las leyes. Es
necesaria una perspectiva moderna para transformar las condiciones
sociales
y la economía. A esta aspiración se suman muchos
de quienes apoyan al
Presidente pero están conscientes de los errores, los
excesos y la
corrupción desbordada, tienen la ilusión de una
nueva etapa, a pesar de los
anuncios de conflicto internacional y socialismo marxista disfrazado
de
novedad.
El
presidente Chávez es un jefe de Estado que administra
la riqueza
petrolera y ha impuesto su ideología, así como
sus prejuicios políticos y
económicos para marcar el rumbo del país. El poder
de la Presidencia en una
nación de instituciones débiles es abrumador y
es aun peor luego de una
crisis política que facilita a un grupo radical tomar
por asalto el Estado.
Una administración presidencial personalista, mediocre
y anacrónica conduce
el país al caos a pesar del enorme ingreso petrolero.
En
el pasado quedó el registro histórico de los éxitos
y fracasos
presidenciales cometidos en Venezuela. El acuerdo para darle
viabilidad a un
régimen democrático en 1958 llevó a establecer
exitosamente el Pacto de
Punto Fijo entre dirigentes políticos frente a la amenaza
de ambiciones
militares y la guerrilla comunista asistida por Cuba. No hubo,
sin embargo,
una visión reformista respecto a la economía ni
para la construcción de una
democracia superior basada en instituciones funcionales, sin
el tutelaje de
los jefes políticos de turno de AD y Copei. Hoy cuatro
ex presidentes
electos en seis elecciones entre 1969 y 1993 -Rafael Caldera,
Carlos Andrés
Pérez, Luis Herrera y Jaime Lusinchi- son testigos de
las consecuencias de
sus graves errores y omisiones, más allá de sus
logros, pues como bien lo ha
dicho Hugo Chávez, él es el resultado de los fracasos
anteriores.
Si
los venezolanos hemos aprendido del desorden, corrupción
y de los
fracasos pasados y presentes, deberíamos ponerle fin
al insensato y
personalista proyecto del presidente Chávez. En la Venezuela
de hoy no hay
cambio positivo posible sin un presidente comprometido a corregir
los
errores pasados y establecer un nuevo rumbo.
Orlando
Ochoa
escribe artículos de opinión para el Diario El
Universal. Los puntos de vista expresados no necesariamente
son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor: Este comentario fue originalmente publicado por
El Universal el 23 de noviembre del 2006. Petroleumworld lo
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