La
muerte del General Rafaél Alfonzo Ravard, uno de los
venezolanos mas valiosos del siglo pasado, en el mismo nivel
de Arturo Uslar Peitri, Mariano Picón Salas, José
Antonio Mayobre o Manuél Pérez Guerrero, casi
no fue reseñada por la prensa nacional. Apenas El Nacional
en modesto despliegue y, en tono aun menor, Notitarde y El Correo
del Caroní mencionaron el hecho luctuoso. Si El Universal
u otros diarios lo hicieron les pido excusas pero yo no lo ví,
aún buscando con cuidado.
Esta es la triste norma en Venezuela. Solo cuando muere un deportista
o un personaje de la farándula, el duelo nacional se
hace intenso. Por supuesto, no tenemos nada en contra de lamentar
la desaparición de esos venezolanos pero nos sentimos
decepcionados de como una vida sólida de logros en pro
del progreso nacional pueda pasar tan inadvertida por el país.
El General Alfonzo Ravard fue uno de los servidores públicos
mas brillantes de los últimos cien años venezolanos,
junto a Gumersindo Torres, junto a los grandes ministros de
López Contreras, Medina Angarita y Betancourt y los grandes
gerentes petroleros del siglo pasado.
Fue el primer motor de la Corporación Venezolana de Guayana
y su admirable visión hizo posible el milagro de Ciudad
Guayana y del plan hidroeléctrico nacional, junto a hombres
destacadísimos como Rafaél de León, quien
también murió recientemente, sin que el país
se ocupase de su desaparición. No en vano decía
Andrés Eloy Blanco que no sabía que tenía
Venezuela, si en la leche o en la placenta, que el hijo bueno
se le moría afuera y el hijo malo se le eternizaba adentro.
El poeta murió en el exilio, así como murieron
lejos de su patria Rómulo Betancourt, José Antonio
Páez y Rafaél María Baralt.
El caso del General Alfonzo Ravard es especialmente doloroso
porque las dos empresas que fueron sus grandes éxitos,
la Corporación Venezolana de Guayana (luego prostituída
y politizada por la mediocre marabunta partidista y revolucionaria)
y Petróleos de Venezuela, hoy manejada por aprendices
de brujos vestidos de rojo, ni siquiera tuvieron la nobleza
y la decencia de mencionar el deceso de quien fuese la piedra
angular de sus gerencias en las etapas luminosas de su desarrollo.
No es tampoco de extrañar. El régimen actual no
se distingue precisamente por una actuación decorosa.
Su presidente da el ejemplo con su actitud vulgar y agresiva.
Sus acólitos han aprendido de él y hasta gente
otrora refinada, como el vice-presidente Rangel, dan hoy una
patética exhibición de patanería. Aunque
no nos extrañe esta deplorable actitud, creemos necesario
protestar contra ella y poner de relieve la carencia de nobleza
y la mezquindad de esta gente que hoy abusa del poder político
en el país.
Son descendientes de la misma gente que echó a volar
las campanas de las iglesias el día que supieron de la
muerte de Bolívar, de la misma gente que se alegró
de ver el cuerpo sin vida de Leonardo Ruiz Pineda.
Quizás esto sea mejor para resguardar la memoria del
General Rafaél Alfonzo Ravard, que no sea recordado por
quienes han desvirtuado su obra.
Gustavo
Coronel es
un veterano geólogo de la industria petrolera, miembro
director de la primera junta directiva de PDVSA (1975-1979).
Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
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