Editorial
E l presidente de la República, Hugo Chávez, fue
ree-legido ayer para un
nuevo periodo de seis años. Así será proclamado
por el Consejo Nacional
Electoral, y reconocido por el candidato de unidad, Manuel Rosales.
Termina
de esta manera un proceso que demostró la vocación
democrática de los
venezolanos, y nuestro apego a la Constitución. Concluidos
los comicios, es
pertinente esperar una nueva etapa en la política de
Venezuela, cuyos signos
no pueden ser otros que los del reencuentro entre los ciudadanos.
Lo que se
impone a partir de ahora, como gran prioridad, es el
reconocimiento de que en el mapa o composición política
de Venezuela están
representados dos grandes sectores que, si bien difieren en
sus ideas, no es
menos cierto que son igualmente respetables; ninguno puede pretender
desconocer al otro, y menos aún considerarse irreconciliables.
No somos dos
países sino un solo país que debe reencontrarse,
incluso por encima de sus
actuales diferencias. Lo inteligente y lo sensato es buscar
la convivencia
del juego democrático a través del diálogo.
Hemos vivido
tiempos de excesiva politización y, sobre todo, de antagonismos
que, desde un punto de vista del interés individual o
nacional, debe ceder
espacios a otras experiencias de amplitud que nos permitan convenir
sobre
los grandes desafíos que tiene planteados la nación.
Todos tenemos nuestros
espacios de acción y dentro de ellos, sin concesiones
inadecuadas, ninguno
puede negarle al otro sus derechos y sus prerrogativas. El Gobierno
nacional
en su ámbito, los partidos y los ciudadanos en el suyo,
los medios de
comunicación en su ámbito correspondiente para
el cumplimiento de su valiosa
misión de informar dentro de la sociedad democrática.
Hubo un
factor en la jornada dominical que es preciso seña lar
ahora, y
volver a él cuando la oportunidad se presente: nos referimos
a la alta
abstención, cercana a 40%, lo cual no es un buen síntoma
porque de una
manera o de otra, en esa abstención se oculta un cierto
desdén por el
presente y el futuro del país. A quienes acudieron a
votar desde muy
temprano y cumplieron con su deber, se les hace difícil
comprender y aceptar
por qué tan grande cantidad de venezolanos permaneció
fría e inamovible,
como si nada ocurriera a su alrededor.
Lo grave
y lo más triste al mismo tiempo es que tanto el men saje
electoral
del Presidente de la República como el del candidato
de oposición (válidos y
atractivos para millones de personas que acudieron ayer a votar
con fe y
esperanza) nada pudieron contra la indiferencia de 3 millones
o más de
venezolanos, gente que vive en otro mundo ajeno al futuro del
país, que
igual protesta o exige, pero que en nada se atreve a comprometerse.
Y no nos
vengan con el cuento de que el sistema electoral no les merece
confianza
porque, en esta ocasión, era absolutamente necesario
involucrar al país
entero en esta batalla de opiniones políticas que iba
a dirimirse a través
del voto. Al sembrar el pesimismo, se apartó del camino
democrático a unos
millones de electores que hubieran reforzado, sin dejar espacio
a la duda, a
cualquiera de las dos propuestas en juego.
Aparte de
esto, la jornada trascurrió en orden, sin incidentes
de
consideración, con los observadores internacionales cumpliendo
su misión,
según lo pautó el CNE, sin expresar sus opiniones
ni hacer declaraciones de
fondo. No es de descartar que lo puedan hacer posteriormente.
Quizás esto
sea útil para despejar cualquier duda. Pero lo verdadero,
tal como lo
dijimos el sábado pasado en este mismo espacio, es que
el proceso se llevó a
cabo dentro de las normas que se habían establecido de
común acuerdo.
La significación
de la jornada electoral de ayer puede medir se por la
enorme atención que despertó en los grandes medios
del mundo, tanto de
América Latina como de Estados Unidos y Europa. Es una
prueba de lo que
Venezuela cuenta en el panorama general de las relaciones internacionales,
sobre todo en nuestro hemisferio. Sería interesante dar
una ojeada a los
análisis que se formularon desde afuera, cómo
nuestro país es visto y
percibido por ojos extranjeros y cómo apreciaban los
factores políticos en
juego.
Son
juicios que nos interesa registrar, no sólo porque han
sido formulados
por observadores independientes, sino porque pueden enriquecer
el
diagnóstico final que los venezolanos podamos obtener.
Ese diagnóstico será
de suma utilidad para interpretar el presente, para comprender
los signos de
la realidad y, en última instancia, el rumbo de nuestro
país.
El
Nacional
es uno de los principales diarios nacionales. Los puntos de
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Nota
del Editor: Este comentario fue originalmente publicado por
El Nacional, el 04 de diciembre del 2006. Petroleumworld lo
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