“Cuando
emprendas el viaje de regreso a Itaca,
ruega que el viaje sea largo,
lleno de aventuras, lleno de enseñanzas.
No temas a los Lestrigones, ni a los Cíclopes,
ni al irritado Poseidón...”
Es
diciembre otra vez, y por una de esas jugarretas del destino,
me encuentro de vuelta en la ciudad de las arboladas calles,
donde hace ya doce meses atisbé por primera vez a los
habitantes de Petrolia. La temperatura en la ciudad es baja,
el invierno empieza a hacerse sentir, sin embargo, la calidez
con la que estas personas nos reciben sigue enalteciendo su
gentilicio. Esto a pesar de que hace solo unas horas, en Caracas,
el no tan inesperado resultado de las elecciones presidenciales
pareciera haber marcado para siempre su destino fuera del cielo
que los vio nacer.
Los
habitantes de Petrolia alguna vez habitaron lo que hoy se dado
en llamar la “Vieja” PDVSA, de la cual fueron expulsados
ignominiosamente hace ya casi cuatro años, por no otra
razón aparente que la de diferir de los dueños
políticos del país. Y aun hoy son perseguidos
por aquellos que reclaman para si la propiedad de la “nueva”.
A
lo largo de estos años, al igual que la mayoría
de mis conciudadanos de Petrolia, he visto transformar mis recuerdos
del pasado en difusas idealizaciones. Muchas veces no estoy
seguro si lo que creo recordar de nuestra vida petrolera pasada
fue alguna vez verdad, o es solo producto de la nostalgia por
el pasado que imaginamos. Quizás esto es consecuencia
de que la nueva PDVSA es tan obviamente diferente que hace que
aun los innegables defectos del pasado palidezcan en comparación.
En
los meses que han transcurrido desde que descubrí a Petrolia,
he encontrado a sus habitantes en los más disímiles
lugares y en las más inverosímiles actividades.
Pero el denominador común de todos esos encuentros siempre
ha sido el calor que prodiga quien se encuentra con un amigo
por largo tiempo ausente. Me imagino que muchos han sentido
lo mismo, al menos alguna vez en estos años.
La
historia le ha dado la vuelta a otra página en la vida
de mis conciudadanos de Petrolia. Aquellos que acariciaban todavía
el sueño de volver a casa deben enfrentar la realidad
de que su pasado yace atrás y que el presente es su mejor
apuesta para el futuro, aun lejos de la patria chica y a costa
de familias ausentes. Es tiempo de cortar amarras con los sentimientos
que nos atan a lo viejo, y finalmente entender que lo que nos
describe como seres humanos no es el carnet de una corporación,
sea del color que sea, sino la robustez de nuestros principios,
la cercanía de nuestros amores y el ejercicio de la libertad.
Cuando
la tarde cae en Petrolia, y el murmullo del viento se oye entre
las hojas de los árboles que delinean las calles que
transitan sus habitantes de vuelta a casa, uno puede caer en
la tentación de regodearse en el dolor de la esperanza
perdida, pero esos minutos deben durar poco. En la distancia,
en la ventana entreabierta de la casa que nos espera, en la
patria o fuera de ella, se ven las siluetas y se escapan las
voces de los que nos aguardan sin preguntarnos a que facción
pertenecemos o que color tiñe nuestro pensamientos para
celebrar nuestro regreso.
Ha
llegado el tiempo de construir nuevos sueños, ya los
pioneros han adelantado el camino. Petrolia es un símbolo
de la esperanza de la construcción de nuevas realidades.
Es una ciudad viva, de Caracas a Lagunillas, de Anaco a Barinas,
de Ciudad del Carmen a Fort McArthur, de Buenos Aires a Riyadh,
en todas partes reside la semilla de futuros posibles, si solo
entendemos como levantar la cosecha.
Esta
no es una crónica de nostalgia, no es una mirada triste
hacia atrás, no es un llamado a olvidar los derechos
agredidos. Este es un homenaje y mi presente en estas navidades
a todos y cada uno de los habitantes de PETROLIA, amigos y desconocidos,
aliados y rivales, en Venezuela y en el exterior. Un reconocimiento
a su fortaleza ante la adversidad y un llamado a soltar amarras
y seguir adelante.
En
la Odisea de Homero, Odiseo Rey de Itaca (vaya nombres maracuchos
mas apropiados) emprende tras la guerra de Troya la vuelta a
su isla natal a recuperar su trono y a su esposa Penélope,
solo para ser desviado por los dioses en un largo viaje de diez
años…
“…Ten
siempre presente a Itaca en tu mente.
Llegar a ella es tu meta final.
Pero no apresures el viaje.
Es mejor prolongarlo por años,
para que cuando ancles tu nave en la isla
ya seas viejo y estés rico
con lo que has ganado en el viaje,
y sepas que Itaca no puede ofrecerte riquezas.
Itaca te ha regalado el magnífico viaje.
Sin ella no hubieras emprendido la jornada.
Pero ella no tiene más nada que ofrecerte.
Y si la encuentras pobre,
Itaca no te habrá defraudado.
Seguramente que para entonces,
la sabiduría y la experiencia que has acumulado,
te habrán permitido comprender
lo que Itaca realmente significa.” Constantine P.
Luis
Pacheco, Ph.D.,
ex Director Ejecutivo de Planificación de Petróleos
de Venezuela. Sus puntos de vista no necesariamente son los
de Petroleumworld.
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