Bolivia, en ejercicio de la presidencia por tempore, con mucha inteligencia
y sentido de la oportunidad, se ha propuesto lograr la aceptación
suramericana para la realización de la suspendida Cumbre de la Unión
de Naciones del Sur (UNASUR), inicialmente prevista para los días
28 y 29 de marzo próximo en la Ciudad Heroica de Cartagena de Indias.
El Presidente Evo Morales, según se anunció, espera que el
nuevo encuentro de Jefas y Jefes de Estado se celebre en la misma fecha
y mismo lugar.
Tras
el éxito y final feliz de la pasada Cumbre de Río,
cuando no se terminan de apagar los focos de Quisqueya, y de asimilar
y comprender a plenitud el tamaño y logros alcanzados en
una Cumbre histórica para el futuro devenir de Nuestra América
(en la que se rechazaron y, ojalá, desactivaron, actitudes
inaceptables para el respeto, la soberanía y la convivencia
pacífica entre países y pueblos hermanos), resulta
lógico y oportuno este rescate boliviano de la Cumbre de
UNASUR.
Es
que se hace necesario no meterle más freno a la necesidad
de un debate intenso y profundo sobre el modelo de integración
que queremos. Y más allá: hay que seguir generando
espacios y escenarios propicios para continuar avanzando en la
discusión franca, abierta, sincera y propositiva de los
puntos de la agenda que copan hoy la dinámica latinoamericana,
donde la paz de Colombia es un punto central de la misma.
La
nueva cita cumbre, entonces, sería la ciudad de Cartagena
de Indias, capital del colombiano Departamento de Bolívar.
El escenario: la Cumbre Presidencial de la Unión de Naciones
del Sur (UNASUR), iniciativa y concepto nacidos en isla Margarita,
poco tiempo atrás. La fecha: 28 y 29 de marzo. El objetivo:
acordar el estatuto y mecanismos de funcionamiento de este proyecto
integracionista del siglo XXI, que aspiramos sea la piedra angular
de la definitiva construcción de la Patria Grande.
La
heroica Cartagena de Indias, primer lugar de la geografía
de Nuestra América que logró su independencia del
coloniaje europeo, con su magia caribeña y encanto únicos,
pudiera ser el nuevo escenario que la providencia pone en nuestro
camino para acercarnos a la superación de las dificultades,
para la normalización definitiva de relaciones entre hermanos,
para la liberación de los retenidos en Colombia y, en fin,
encuentro para la esperanza, la paz y unión verdaderas.
Claro,
más allá del optimismo embriagador por los resultados
en Santo Domingo, esta nueva Cumbre, de realizarse, dado los ánimos
aún caldeados y heridas por cicatrizar, no será para
nada fácil. Pero sí, y así lo apreciamos,
sería una nueva oportunidad para mostrar voluntad en restañar
heridas; y también una ocasión “de oro” para
que el anfitrión responda con actitudes y hechos positivos,
los gestos generosos que le brindaron en Quisqueya los hijos de
Bolívar. Nuestros pueblos lo merecemos.
Muy probablemente, las cumbres presidenciales, en lo sucesivo y después
de lo acontecido en República Dominicana, no volverán a ser un
evento más, ni alejado del interés de las “masas”,
de las ciudadanas y ciudadanos “normales y corrientes”, no; ahora
todo el mundo seguirá muy de cerca y con mucha mayor atención
e interés cualquier nueva cita presidencial en tierra americana en tiempos
de revolución y transformación, de cambio de época.
Claro,
con visiones y concepciones políticas, y del mundo, tan
dispares -como nos lo muestran sus protagonistas en las Cumbres-,
se evidencian el tamaño del reto y de los desafíos
a afrontar en Nuestra América; las dificultades y obstáculos
son muchos, pero no insalvables. Eso sí, pese a ello, es
tiempo para el optimismo; se perciben a su vez aires nuevos y buenos,
se siente la necesidad de trascender lo coyuntural, lo circunstancial,
para apuntar hacia los grandes objetivos, las grandes metas; para
ir salvando obstáculos y superando las diferencias que hoy
separan a nuestros países, más no a nuestros pueblos.
Por
eso, ojalá podamos contar con una nueva cumbre suramericana
(y televisada); ojalá y respondan positivamente los gobiernos
de Suramérica a esta petición boliviana de realizarla
ya -sin más dilación- y, Dios quiera, que nadie falte
a la cita. Sería, más allá de sus resultados
tangibles o no, una nueva bofetada, otra derrota más a las
pretensiones de quienes, desde siempre, juegan a dividirnos y hacernos
pelear para ellos reinar. Bolívar vive.
José Manuel
Soto fue recientemente
viceministro de Comercio (josesoto59@hotmail.com). Sus puntos de
vista no necesariamente
son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor: Petroleumworld
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