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Paréntesis Critico : La crisis gringa
Estados Unidos está atravesando una severa crisis económica desde los tiempos del ex presidente George W. Bush, quien recurrió a la guerra para contrarrestar este flagelo en la principal potencia mundial. En la administración de Barack Obama el crack financiero se ha hecho sentir mucho más en los últimos dos años y algunos economistas ya están hablando de espiral económica, default o quiebra.
De acuerdo con especialistas en el tema, espiral es cuando un deudor recurre a nuevos empréstitos para poder honrar sus compromisos; es decir, se sobreendeuda, superando su capacidad de pago. A este punto no sólo ha recurrido Washington para querer soportar su supuesta estabilidad, sino que también ha emitido papeles a los que ha dado valor nominal en vez de poner en garantías activos tangibles.
Otros economistas hablan de default o suspensión de pagos. Se trata de una situación coyuntural, quizá temporal, a la que puede recurrir una persona natural, jurídica o hasta un país cuando no tiene liquidez para cancelar sus compromisos pese a que pueda poseer activos que, en conjunto, representen más valor que el total de las deudas pero que no pueden evaluarse como dinero liquido al instante. El default es un procedimiento que tiene por objeto llegar a un acuerdo entre el deudor y los acreedores, bajo supervisión judicial, sobre el modo en que se honrarán los compromisos financieros adquiridos.
Las dos situaciones anteriormente descritas pudieran aplicarse a Estados Unidos, como pasos previos a su posible declaración de quiebra. ¿Se imaginan ustedes si eso ocurriera? ¿Cuáles serían las consecuencias del derrumbe de la economía norteamericana? Significaría herir el orgullo gringo, el fin del “american way of life” y la muerte del capitalismo.
No obstante, de acuerdo con los economistas, la quiebra o bancarrota es una situación de insolvencia financiera generalizada de manera permanente en el tiempo, en la cual una persona natural, jurídica o un Estado no puede pagar sus deudas ni con sus activos líquidos (dinero circulante), fijos (bienes muebles e inmuebles) o activos intangibles (como papeles, bonos, etc). Una vez que se declara el estado de quiebra, el deudor, al cual se le pasa a llamar “fallido”, queda a la orden de un tribunal de juicio de quiebras mientras se llega a un acuerdo jurídico con sus acreedores para que responda con su patrimonio a las obligaciones pendientes.
Cabe destacar que una vez una organización se declara en quiebra queda inhabilitada para administrar sus bienes, pues éstos pasan a un síndico o administrador judicial. Las acreencias a plazo pendiente se tornan vencidas e inmediatamente exigibles, se fijan los derechos del fallido y de los acreedores y se acumulan todos los juicios pendientes contra el deudor por ante el juez que está conociendo de la quiebra.
De acuerdo con el portal de Wikipedia, el proceso de bancarrota en Estados Unidos permite al fallido reestructurar sus pasivos sin que deba cambiar su equipo de gerencia. La transparencia del proceso permite ahorrar trámites en la corte, pues se puede negociar con acreedores y proveedores para negociar los términos de reestructuración. Los efectos adversos son que los vendedores exigen efectivo por adelantado, que los empleados busquen otras empresas o que las compañías rivales les quiten sus clientes, entre otros.
El llamado gigante del norte está herido en su corazón financiero. No hay informaciones claras sobre si el imperio más grande y poderoso del mundo en toda la historia del planeta está tan al borde del abismo económico como en 1929, año de La Gran Depresión. Lo cierto del caso es que se trata del único país del mundo al cual el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial no le ha aplicado sus severas recetas o lo condiciona a rígidos planes de ajuste.
En la tierra del Tío Sam los más pobres y la clase media, que son los que más sufren, se están apretando el cinturón cada vez más y han visto mermado significativamente su poder adquisitivo. La severa crisis los ha llevado a más endeudamiento, a hipotecar sus bienes o hasta desprenderse de ellos, en tanto la administración Obama sigue de cabeza, tratando de paliar la crisis.
A Washington ni el FMI ni el Banco Mundial lo tocan agresivamente ni con los pétalos de una flor. Nada de eso. Ambas organizaciones internacionales, de la cual Estados Unidos es el principal financista, dejan quieto al gigante mientras esperan que salga del atolladero.
Mientras tanto, en Europa los pueblos empiezan a levantar su voz y cada día crecen las protestas sobre el sistema capitalista imperante. Ya quebraron Grecia y Portugal y otros países tienen sus bardas en remojo, entre ellos España e Italia. ¿Llegarán esas masivas protestas a los United States of América? ¿Se verán en gringolandia los tristemente episodios del “corralito” de Argentina o el “Caracazo” de la Venezuela de 1989 gobernada por Carlos Andrés Pérez que sucumbió a medidas de shock económico impuestas por el Fondo Monetario Internacional? ¿Estaremos ante el principio del fin del capitalismo?
Luis Alberto Toro Ojeda es publicista y Militante del PSUV (latojeda@gmail.com). Los puntos de vista expresados no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota del Editor:
Este comentario fue originalmente publicado por Aporrea.org, 22 07 2011. Reproducimos el mismo en beneficio de los lectores.
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Petroleumworld Venezuela 28 07 2011
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