Juristas
consultados respecto a las implicaciones
que tendría esta normativa, que
prevé ser discutida por el Parlamento
en los próximos días, explicaron
que sus disposiciones violan los principios
de irretroactividad e inviolabilidad de
los derechos adquiridos que están
consagrados en el derecho venezolano.
En
líneas generales, el proyecto
de normativa va en contra de lo que establecen
los contratos que firmaron las empresas
privadas con Pdvsa cuando fueron constituidas
las asociaciones estratégicas de
la Faja del Orinoco y los convenios de
exploración a riesgo y ganancias
compartidas que hoy están proceso
de conversión a empresas mixtas
con mayoría estatal.
Aparte
de declarar extintos estos negocios,
que son el último de los eslabones
de la apertura petrolera que queda en pie,
la normativa propuesta por el Ejecutivo
establece que los intereses, acciones y
participaciones -incluyendo derechos- de
las compañías privadas que
no hayan alcanzado acuerdos para convertir
sus negocios en empresas mixtas quedarán
transferidos automáticamente a firmas
bajo control del Estado.
El
empujón
Para poder hacer efectiva esa transferencia
se requiere, según la ley actual,
transitar un proceso expropiatorio que
debe iniciarse con la declaratoria de
utilidad pública por parte del
Estado y no puede obviar, bajo ninguna
circunstancia, la compensación
a las partes afectadas, puesto que en
este caso no aplica la figura de la confiscación.
El artículo 2 de la Ley Sobre los
Efectos de la Migración a Empresas
Mixtas no prevé en ninguna parte
pago alguno a las compañías
afectadas por la medida, aun cuando en
el discurso de las autoridades del Menpet
nunca se ha negado que esté previsto
culminar satisfactoriamente las negociaciones
con las petroleras que salieron de la Faja
del Orinoco y del Golfo de Paria, a los
efectos de cancelarles los montos correspondientes
al valor en libros de sus activos.
Debido
a que se cuestiona su aplicabilidad,
los abogados consultados coincidieron
en
señalar que la presentación
de esta normativa no es más que
una forma de presionar a los privados que
están inmersos en el proceso de
migración a empresas mixtas, especialmente
a los que no accedieron a culminar la transición
y que ahora negocian compensaciones con
Pdvsa.
Esta
misma táctica la aplicó el
Menpet el año pasado durante la
transformación en empresas mixtas
de los convenios operativos que había
celebrado Pdvsa en los años 90.
En ese momento, y con el apoyo de algunos
parlamentarios, el ministerio introdujo
la Ley de Regularización de la Participación
Privada en las Actividades Primarias que,
aunque declaró ilegales y extintos
estos negocios, no incluyó la transferencia
de los activos privados al Estado.
En
ninguno de los casos estas normativas
han estado sujetas a una amplia discusión
que ponga en contexto su correlación
con la normativa vigente, particularmente
con los tratados de protección de
inversiones que están vigentes.
La Ley de Regularización se aprobó en
tiempo récord el año pasado
en la plenaria de la Asamblea Nacional
y tras la intervención de un puñado
de diputados.
Es
previsible que, en medio de la discusión
de la reforma constitucional, en esta oportunidad
tampoco haya espacio para divulgar el contenido
de una ley que para muchos pudiera ser
equiparable a la Ley de Reversión
(1971) que anticipó a la nacionalización
de los hidrocarburos en 1976. En esa época,
no obstante, y con extensos juicios de
por medio, el Estado debió desembolsar
compensaciones a las empresas petroleras
privadas cuyos negocios pasaron a sus manos
para constituir Pdvsa.
mparraga@eluniversal.com
El Universal 31 08 07